ESTEBAN URREIZTIETA
PALMA.- La
presidenta del Parlament y su marido lo
habían intentado todo para silenciar sus
escándalos de corrupción en EL MUNDO/El Día
de Baleares. Pero nunca habían llegado tan
lejos. Maria Antònia Munar y Miquel Munar
salieron de la zona de recogida de
equipajes del aeropuerto de Son Sant Joan
durante la madrugada del pasado domingo.
Venían de pasar un fin de semana, el
enésimo, de compras por París. Acababan de
desembarcar del vuelo de Air Europa que
cubre la ruta al filo de la medianoche y se
disponían a enfilar el coche oficial. El
centelleo de un flash les violentó como
nunca antes lo había hecho.
«Métete
la cámara por donde te quepa», espetó el
esposo de la líder de Unió Mallorquina (UM)
y socia de gobierno del presidente
socialista Francesc Antich a uno de los
fotógrafos de este periódico. Fuera de sí y
con la mirada completamente perdida lo dejó
todo y se abalanzó sobre el reportero que
había apretado el disparador.
Éste
actuó como lo ha hecho miles de veces
durante los últimos años al cruzarse con la
pareja sin que a los retratados les
incomodara en absoluto. Pero en esta
ocasión la fotografía se producía el mismo
día en que este periódico revelaba el
contenido del peritaje judicial que
certifica que Munar vendió a mitad de
precio el mejor solar público de Palma para
que la promotora catalana Sacresa construya
próximamente 600 pisos de lujo.
La
instantánea se tomaba además días después
de que estas mismas páginas publicaran otro
dictamen judicial, esta vez de la
Sindicatura de Cuentas de Baleares, que
exige que sean devueltos miles de euros sin
justificar que la actual presidenta del
Parlament concedió a dedo a
pseudoasociaciones dirigidas por altos
cargos del partido que preside.
«Soy
Jordi Avellà, fotógrafo de EL MUNDO», le
recordó al encolerizado empresario buscando
su complicidad, intentando que le
reconociese, e instando a que se calmase.
Pero al escucharlo, la cólera del marido de
Munar se multiplicó. «Sois unos mierdas y
tú, un hijo de puta. Te vas a enterar».
El ataque
Este
empresario, propietario de una flota de
camiones que transporta la grava de las
carreteras que ha adjudicado durante más de
una década su mujer, pasó de los insultos a
los hechos. Sobre Avellà y su cámara se
desencadenó una lluvia de puñetazos que
éste esquivó como pudo mientras se alejaba
intentando repeler la agresión.
Uno
de ellos impactó directamente en su cámara
y desprendió de golpe el flash del cuerpo.
Alternó los puños con varias patadas y
persiguió durante varios minutos al
fotógrafo por el hall del aeropuerto
en presencia del resto del pasaje
proveniente de Francia. Maria Antònia Munar
no perdió detalle pero ni se inmutó.
Presenció la escena a una prudente
distancia. Sin intervenir y sin mostrar el
menor gesto de desaprobación. Esperó a que
concluyese la trifulca y abandonó el lugar
en compañía de su marido. Era la una de la
madrugada. Instantes después Avellà ponía
los hechos en conocimientos de la Policía
Nacional. Terminaba una jornada en la que
EL MUNDO/El Día de Baleares había revelado
el contenido del peritaje judicial de Can
Domenge.
Uno de los procesos que
sigue la Justicia contra la ex presidenta
del Consell de Mallorca por malversación de
caudales públicos tras sacar a concurso
52.000 metros cuadrados con un precio
máximo que, paradójicamente, resultaba ser
la mitad del de mercado. Por 30 millones de
euros cuando vale el doble. Vendió la finca
pública no para que se construyeran
viviendas sociales -ni una sola
contemplaban sus bases- sino pisos de
diseño. La promotora catalana Núñez y
Navarro licitó en el proceso ofreciendo más
del doble por el terreno: 61 millones de
euros. Pero a Munar le dio exactamente lo
mismo. Dijo que «el precio no es lo
importante» y se lo acabó dando a la
también promotora catalana Sacresa por 30.
Este periódico advirtió hace año y medio el
valor real del solar. Ahora el mayor
experto español en valoraciones
inmobiliarias, Pere González Nebreda, lo ha
ratificado en su dictamen.