MIREYA ROURA
POLLENÇA.- Cala
Barques, en Cala Sant Vicenç (Pollença), no
ha cambiado mucho desde que en diciembre de
2001 una tempestad la vaciara de arena.
Seis años después, a la playa le siguen
faltando 11 metros de costa. Hay menos
espacio para colocar las toallas y, por
tanto, menos ingresos para una economía que
depende del binomio arena-turismo.
Aunque los expertos inciden en que
nunca se podrá garantizar la estabilidad de
Cala Barques, pues su geomorfología siempre
dependerá de los fuertes vientos de la
Tramuntana y el Llevant, los hoteleros y
los vecinos siguen insistiendo en una
solución.
De hecho, la solución ya la
dio el Instituto Mediterráneo de Estudios
Avanzados (IMEDEA) en un informe que dio a
conocer en marzo de 2005. Para regenerar la
castigada playa era necesario succionar 700
metros cúbicos de arena del exterior de la
bahía, allí donde hay más
profundidad.
El IMEDEA consideró, en
cambio, inviable llevar a cabo la
alternativa más barata y la que contemplaba
el Ayuntamiento de Pollença: la de utilizar
el reservorio natural de arena que hay a
pocos metros de la orilla del mar. A su
juicio, hacerlo podría empeorar más las
cosas porque se alteraría la dinámica
natural de los sedimentos.
Dado que
la opción recomendada era más cara, el
Ayuntamiento tuvo que pedir en 2005 a la
Dirección General de Costas que sufragara
el coste del proyecto.
Y desde
entonces, los vecinos de Cala Sant Vicenç
siguen a la espera. «Se está permitiendo la
degradación de la playa. Nadie más se ha
vuelto a mover desde que nos dirigimos a
Costas», comenta un vecino con enfado.
El Ayuntamiento de Pollença afirma,
sin embargo, que el tema «está en marcha».
El concejal de Medio Ambiente y delegado de
la Cala Sant Vicenç, Jaume Plomer, adelantó
que el 11 de septiembre hay una reunión con
Víctor Torres, jefe de la Demarcación de
Costas de Baleares, para hablar del asunto.
«Pensamos que antes del próximo verano
habrá ya una solución económica», explicó
el edil. Pero una regeneración no implica
que la playa conserve mucho tiempo su
arena. Enclavada entre acantilados, con una
fuerte pendiente, sacudida por los fuertes
vientos y en un punto complicado de la
circulación del mar Balear, Cala Barques es
una playa inestable que sufre ciclos de 5 ó
6 años de pérdida de sedimentos.
Playa sin
estabilidad
Un claro ejemplo de
ello está en que la playa ya había sido
regenerada antes de que la tormenta de
noviembre de 2001 la vaciara de 11 metros
de arena. Justo pocos meses antes, la
Dirección General de Costas había vertido
2.700 metros cúbicos que de nada sirvieron
ante el envite de las olas. Se perdieron a
pesar del esfuerzo.
De hecho, otra
opción de los expertos del IMEDEA era la de
no intervenir y dejar que la naturaleza
siguiera su cauce. Y es que la regeneración
de playas no es un tema que agrade a todos
los geólogos. «Una regeneración siempre
comporta problemas.
La arena en estas
zonas oscila mucho entre la parte emergida
y la sumergida. El viento siempre puede
provocar un vaivén que cambie la morfología
de la playa», recalca Antonio Rodríguez
Perea, profesor de Estratigrafía de la
UIB.