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  Domingo, 13 de agosto de 2006 Actualizado a las 02:19
 

LOS PUNTOS SOBRE LAS IES
David contra Goliat

EDUARDO INDA


-Goliat se detuvo frente a las líneas israelitas y gritó: «¿Por qué han salido para ponerse en orden de batalla? Yo soy filisteo, ustedes en cambio, son los servidores de Saúl. Escojan, pues, un hombre que pueda pelear conmigo. Si es más fuerte que yo y me mata, nosotros seremos sus esclavos, pero si yo soy más fuerte y lo mato serán nuestros esclavos y nos servirán.

-David dijo a Saúl: «¡No hay por qué tenerle miedo a ése! Yo, tu servidor, iré a pelear con ese filisteo [Libro de Samuel, Antiguo Testamento].

Todos, empezando por Saúl y terminando por Goliat, pensaron que la bravuconada le iba a salir cara al esmirriado de David que tenía que hacer frente a un tiarrón de tres metros de altura, unos brazos que parecían las piernas de un fulano normal y unas piernas que se antojaban pequeñas incluso para un elefante. Goliat se las prometía muy felices pero David le metió una tunda inesperada al anteponer la astucia a la fuerza bruta. El gigante entró a matar espada en ristre cual elefante en una cacharrería pero el pigmeo echó mano del aplomo, extrajo una piedra de la bolsa y la arrojó a la frente del adversario. Diana. David, por si acaso, tomó prestada la espada a Goliat y le dio la puntilla. Muerto el perro, se acabó la rabia: «Los filisteos [continúa el Libro de Samuel], al ver muerto a su campeón, huyeron».

Viene esta historia mítica a cuento del partido que esa nueva Mallorca liberal y constitucional que representa el Círculo Balear juega el sábado próximo en Son Servera frente a esa vieja Mallorca en la que se han unido el hambre de protagonismo de los independentistas que quieren quemar la Constitución con las ganas de comernos de esa corruptocracia que no consiente que desde estas páginas les digamos «¡basta ya de robar!».

El Círculo Balear no cabe en un 600 porque tiene novecientos y pico afiliados pero sí queda reducido a la condición de David si lo comparamos con un Goliat compuesto por cuatro partidos con representación parlamentaria (la ERC de Carod-Rovira, el PSM, EU y la marca de Els Verds del arrasaplayas Llauger), una asociación pretendidamente ecologista pero exactamente catalanista con 30.000 afiliados (GOB) y Ben Amics -¿qué tendrá que ver, por cierto, una piscina legal con la legítima defensa de los derechos de gays y lesbianas?-. El salpicón de minoritarios grupúsculos que no los conoce ni su padre está para hacer bulto. Nada más. Porque su masa social cabe en un ciclomotor toda vez que el número de socios oscila entre uno y dos: el Ateneu Gabriel Buades, la Unió Obrera Balear, Gadma, los anarquistas de la CGT, Amics dels Torrents, el Grup d' Agricultura Ecològica, Associació s'Auzinar y Roques sense Ciment. En medio queda el Lobby con tres activistas.

Montse Amat y Jorge Campos, los jóvenes aunque suficientemente preparados líderes del Círculo Balear, han dado el paso que le gustaría dar a esa inmensa mayoría de la sociedad civil balear que está hasta donde ustedes se están imaginando de que los unos digan que esto es o tiene que ser Cataluña por bemoles y los otros se lo lleven crudo en cantidades industriales. Apostillo deliberadamente el «le gustaría» porque que alguien mueva el trasero en esta acomodaticia tierra es poco menos que un milagro por dos razones: una fundamental, el miedo escénico que impone ese Egipcio permanentemente matrimoniado con los rabascos y el independentismo pancatalanista, y una accesoria, ya que en esta sociedad opulenta en la que se vive mejor que bien el carpe diem es el primer mandamiento.

Este estado de cosas provoca que la Mallorca oficial poco o nada tenga que ver con la Mallorca real. La primera es sinonímica de eso que yo bauticé hace dos años como vieja Mallorca y que tiene en Pedro Serra alias El Egipcio y en MAM a sus dos grandes prohombres y la segunda es lo que denominé nueva Mallorca y que alcanza su mejor y más honesta expresión con esta Erin Brockovich llamada Montse Amat a la que la gentuza de siempre llamaba «puta» por la calle por recoger firmas contra el independentista .cat y con este Jorge Campos que si viviera en Cataluña sería Arcadi Espada. Una pareja, por cierto, «próxima a las tesis del PP» y que luchará «para que ese Pacte que tanto daño hizo a Baleares no vuelva al poder».

Esta esquizofrenia provoca que la Mallorca oficial vaya por un lado y la Mallorca real por otro. Consecuencia: el pensamiento único que dicta El Egipcio parece que es la realidad, la realidad parece que es la ficción y luego gana las elecciones el contrario del que apadrinó el susodicho. Ese mundo al revés nos condujo a la madre de todas las esquizofrenias en esa hégira del Pacte en la que el Govern parecía el gobierno de Bill Clinton y Baleares, Noruega o poco menos pese a amenazar ruina. Cosas de ese casi octogenario editor al que realmente hay que reconocerle maestría a la hora de pervertir la realidad a cambio, faltaría plus, de una más que razonable cantidad de dinero del contribuyente. Este no da gratis ni los buenos días.

Jorge Campos y Montse Amat, que tanto monta, monta tanto, han pegado un metafórico puñetazo en la mesa en la que se reparte el pastel del poder en Mallorca y han dicho «¡basta ya!» a tanta esquizofrenia. No puede ni debe ser que esa alianza corruptos-independentistas en la que El Egipcio hace de diligente mamporrero derrote o parezca que se impone a la inmensísima mayoría de gente honrada de la sociedad civil, a ese Juan Balear que suda lo suyo para llegar a fin de mes y que detesta que le metan en el saco de los Països Catalans por el artículo treinta y tres.

El partido del sábado próximo no es el partido de Pedro J. Ramírez contra las violentas marionetas de Pedro Serra que asaltaron su casa y que intentan volver a coaccionarle y acosarle aunque esta vez sea a varios cientos de metros de distancia. No. Tampoco está en juego el prestigio de un Círculo Balear que como ha demostrado mil veces se las basta él solito para tener un protagonismo social más que notable. El 19 a media mañana se juega el primer encuentro de una Champions League en la que se disputa tanto como el que Mallorca y por extensión Baleares sea una democracia tutelada por el caciquismo o no.

El sábado debemos proclamar lo más alto posible «¡basta ya!» a esa costumbre de que unos pocos impongan sus tesis a unos muchos, «¡basta ya!» a que la batasunización de la vida pública balear de la que habló el eurodiputado López-Istúriz asiente sus reales por estas tierras, «¡basta ya!» a que el independentismo catalanista tenga aquí el mismo poder que en Cataluña -si no en las urnas, sí al menos efectivo- y «¡basta ya!» a que la corrupción le gane la batalla a los medios de comunicación decentes e independientes. Nada más y nada menos.

Porque si bien es cierto que esto no tiene nada que ver con el País Vasco no lo es menos que las tácticas de los radicales son las mismas aquí, allá y acullá. La foto que ayer publicaba este pedazo de papel finlandés sobre la amenazante manifestación que Batasuna celebró a las puertas de la sede del PSE es como una gota de agua de las tristes imágenes recogidas por el objetivo de Cati Cladera hace hoy un año exacto en el domicilio privado de Pedro J. Ramírez. Unos y otros buscan lo mismo: meterte el miedo en casa o llevártelo al trabajo. Eso es lo que hacían los nazis con los judíos, los batasunos con los demócratas vascos y aquí los colaboradores de Pedro Serra con un veraneante de pro cuyo único delito es dirigir un periódico que se ha dedicado a denunciar la mangancia y a criticar el independentismo.

El sábado en Sa Marjal tenemos todos una oportunidad de oro de darle la estocada a esa vieja Mallorca ahora asociada al independentismo en la que al que discrepa no se le mata físicamente como en el País Vasco pero sí se le asesina civilmente. El fin último de esta gente patroneada por el dueño del diario sensacionalista Última Hora y del independentista Balears es asesinar civilmente a Pedro J., a Jorge Campos, a Montse Amat, a Carlos Delgado, a Andreu Prohens, a Margalida Moner, a Toni Pastor, a Rodrigo de Santos y, por supuesto, al que teclea en estos momentos el ordenador. El asesinato civil equivale en el caso de un foraster como Pedro J. o como yo a ese «hay que echarlos de la Isla» que el falsificador de facturas pronuncia fuera de sí con su ininteligible verborrea cada vez que desvelamos sus tejemanejes, los de su amiga Maria Antònia, los de su aliado Joaquín Rabasco o cuando ponemos negro sobre blanco la prepotencia de Código Penal de ese incondicional suyo llamado Tolo Cursach cuyo verdadero oficio es vox pópuli.

La mayoría natural de esta tierra no puede fallar ni a la cita de Sa Marjal ni a la fiesta cívica que ha preparado a continuación la plataforma cívica Son Servera ¡basta ya! Todos somos, al fin y al cabo, Pedro J. Ramírez. Porque como muy bien señaló Isabel Llinàs en un discurso preciso en el fondo e impecable en las formas «hoy atacan la propiedad privada de Pedro J. Ramírez pero mañana pueden atacar la de cualquiera». A estos violentos les das el pie y se toman la mano. Es lo de Bertolt Brecht y el nazismo que rememoré hace unas semanas: «Hace unas semanas oí ruidos en la escalera, era la Policía que venía a por el vecino del quinto. Pero yo no me preocupé porque sabía que era judío. [...] Ahora mismo estoy oyendo ruidos en la escalera. Sé que es la Policía que viene a detenerme a mí y pienso que es tarde para preocuparse».

El sábado todos a Son Servera. La nueva Mallorca no puede perder el pulso que le ha echado la vieja Mallorca. La disyuntiva es clara: o estamos con el Círculo Balear y con Son Servera ¡basta ya! o estaremos por acción u omisión con una banda liderada por un tipo (Jaume Sastre) que apuesta «por poner bombas en actos públicos» y por «meter en un barco a los forasters y a los que no hablen sólo en catalán y luego hundirlo». Vuelvo a David y Goliat: o les derrotamos democrática, pacífica y numéricamente o acabaremos siendo sus esclavos.

e.inda@elmundo.es

 
   
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