-Goliat se detuvo frente a las
líneas israelitas y gritó: «¿Por qué han
salido para ponerse en orden de batalla? Yo
soy filisteo, ustedes en cambio, son los
servidores de Saúl. Escojan, pues, un
hombre que pueda pelear conmigo. Si es más
fuerte que yo y me mata, nosotros seremos
sus esclavos, pero si yo soy más fuerte y
lo mato serán nuestros esclavos y nos
servirán.
-David dijo a
Saúl: «¡No hay por qué tenerle miedo a ése!
Yo, tu servidor, iré a pelear con ese
filisteo [Libro de Samuel, Antiguo
Testamento].
Todos, empezando por
Saúl y terminando por Goliat, pensaron que
la bravuconada le iba a salir cara al
esmirriado de David que tenía que hacer
frente a un tiarrón de tres metros de
altura, unos brazos que parecían las
piernas de un fulano normal y unas piernas
que se antojaban pequeñas incluso para un
elefante. Goliat se las prometía muy
felices pero David le metió una tunda
inesperada al anteponer la astucia a la
fuerza bruta. El gigante entró a matar
espada en ristre cual elefante en una
cacharrería pero el pigmeo echó mano del
aplomo, extrajo una piedra de la bolsa y la
arrojó a la frente del adversario. Diana.
David, por si acaso, tomó prestada
la espada a Goliat y le dio la puntilla.
Muerto el perro, se acabó la rabia: «Los
filisteos [continúa el Libro de Samuel], al
ver muerto a su campeón, huyeron».
Viene esta historia mítica a cuento
del partido que esa nueva Mallorca liberal
y constitucional que representa el Círculo
Balear juega el sábado próximo en Son
Servera frente a esa vieja Mallorca en la
que se han unido el hambre de protagonismo
de los independentistas que quieren quemar
la Constitución con las ganas de comernos
de esa corruptocracia que no consiente que
desde estas páginas les digamos «¡basta ya
de robar!».
El Círculo Balear no cabe
en un 600 porque tiene novecientos y pico
afiliados pero sí queda reducido a la
condición de David si lo comparamos con un
Goliat compuesto por cuatro partidos con
representación parlamentaria (la ERC de
Carod-Rovira, el PSM, EU y la marca de Els
Verds del arrasaplayas Llauger), una
asociación pretendidamente ecologista pero
exactamente catalanista con 30.000
afiliados (GOB) y Ben Amics -¿qué tendrá
que ver, por cierto, una piscina legal con
la legítima defensa de los derechos de gays
y lesbianas?-. El salpicón de minoritarios
grupúsculos que no los conoce ni su padre
está para hacer bulto. Nada más. Porque su
masa social cabe en un ciclomotor toda vez
que el número de socios oscila entre uno y
dos: el Ateneu Gabriel Buades, la Unió
Obrera Balear, Gadma, los anarquistas de la
CGT, Amics dels Torrents, el Grup d'
Agricultura Ecològica, Associació s'Auzinar
y Roques sense Ciment. En medio queda el
Lobby con tres activistas.
Montse
Amat y Jorge Campos, los jóvenes aunque
suficientemente preparados líderes del
Círculo Balear, han dado el paso que le
gustaría dar a esa inmensa mayoría de la
sociedad civil balear que está hasta donde
ustedes se están imaginando de que los unos
digan que esto es o tiene que ser Cataluña
por bemoles y los otros se lo lleven crudo
en cantidades industriales. Apostillo
deliberadamente el «le gustaría» porque que
alguien mueva el trasero en esta
acomodaticia tierra es poco menos que un
milagro por dos razones: una fundamental,
el miedo escénico que impone ese
Egipcio permanentemente matrimoniado
con los rabascos y el
independentismo pancatalanista, y una
accesoria, ya que en esta sociedad opulenta
en la que se vive mejor que bien el
carpe diem es el primer mandamiento.
Este estado de cosas provoca que la
Mallorca oficial poco o nada tenga que ver
con la Mallorca real. La primera es
sinonímica de eso que yo bauticé hace dos
años como vieja Mallorca y que tiene en
Pedro Serra alias El Egipcio y en
MAM a sus dos grandes prohombres y la
segunda es lo que denominé nueva Mallorca y
que alcanza su mejor y más honesta
expresión con esta Erin Brockovich llamada
Montse Amat a la que la gentuza de siempre
llamaba «puta» por la calle por recoger
firmas contra el independentista
.cat y con este Jorge Campos que si
viviera en Cataluña sería Arcadi Espada.
Una pareja, por cierto, «próxima a las
tesis del PP» y que luchará «para que ese
Pacte que tanto daño hizo a Baleares no
vuelva al poder».
Esta esquizofrenia
provoca que la Mallorca oficial vaya por un
lado y la Mallorca real por otro.
Consecuencia: el pensamiento único que
dicta El Egipcio parece que es la
realidad, la realidad parece que es la
ficción y luego gana las elecciones el
contrario del que apadrinó el susodicho.
Ese mundo al revés nos condujo a la madre
de todas las esquizofrenias en esa hégira
del Pacte en la que el Govern parecía el
gobierno de Bill Clinton y Baleares,
Noruega o poco menos pese a amenazar ruina.
Cosas de ese casi octogenario editor al que
realmente hay que reconocerle maestría a la
hora de pervertir la realidad a cambio,
faltaría plus, de una más que razonable
cantidad de dinero del contribuyente. Este
no da gratis ni los buenos días.
Jorge Campos y Montse Amat, que
tanto monta, monta tanto, han pegado un
metafórico puñetazo en la mesa en la que se
reparte el pastel del poder en Mallorca y
han dicho «¡basta ya!» a tanta
esquizofrenia. No puede ni debe ser que esa
alianza corruptos-independentistas en la
que El Egipcio hace de diligente
mamporrero derrote o parezca que se impone
a la inmensísima mayoría de gente honrada
de la sociedad civil, a ese Juan Balear que
suda lo suyo para llegar a fin de mes y que
detesta que le metan en el saco de los
Països Catalans por el artículo treinta y
tres.
El partido del sábado próximo
no es el partido de Pedro J. Ramírez contra
las violentas marionetas de Pedro Serra que
asaltaron su casa y que intentan volver a
coaccionarle y acosarle aunque esta vez sea
a varios cientos de metros de distancia.
No. Tampoco está en juego el prestigio de
un Círculo Balear que como ha demostrado
mil veces se las basta él solito para tener
un protagonismo social más que notable. El
19 a media mañana se juega el primer
encuentro de una Champions League en
la que se disputa tanto como el que
Mallorca y por extensión Baleares sea una
democracia tutelada por el caciquismo o no.
El sábado debemos proclamar lo más
alto posible «¡basta ya!» a esa costumbre
de que unos pocos impongan sus tesis a unos
muchos, «¡basta ya!» a que la
batasunización de la vida pública balear de
la que habló el eurodiputado López-Istúriz
asiente sus reales por estas tierras,
«¡basta ya!» a que el independentismo
catalanista tenga aquí el mismo poder que
en Cataluña -si no en las urnas, sí al
menos efectivo- y «¡basta ya!» a que la
corrupción le gane la batalla a los medios
de comunicación decentes e independientes.
Nada más y nada menos.
Porque si
bien es cierto que esto no tiene nada que
ver con el País Vasco no lo es menos que
las tácticas de los radicales son las
mismas aquí, allá y acullá. La foto que
ayer publicaba este pedazo de papel
finlandés sobre la amenazante manifestación
que Batasuna celebró a las puertas de la
sede del PSE es como una gota de agua de
las tristes imágenes recogidas por el
objetivo de Cati Cladera hace hoy un año
exacto en el domicilio privado de Pedro J.
Ramírez. Unos y otros buscan lo mismo:
meterte el miedo en casa o llevártelo al
trabajo. Eso es lo que hacían los nazis con
los judíos, los batasunos con los
demócratas vascos y aquí los colaboradores
de Pedro Serra con un veraneante de pro
cuyo único delito es dirigir un periódico
que se ha dedicado a denunciar la mangancia
y a criticar el independentismo.
El
sábado en Sa Marjal tenemos todos una
oportunidad de oro de darle la estocada a
esa vieja Mallorca ahora asociada al
independentismo en la que al que discrepa
no se le mata físicamente como en el País
Vasco pero sí se le asesina civilmente. El
fin último de esta gente patroneada por el
dueño del diario sensacionalista Última
Hora y del independentista
Balears es asesinar civilmente a
Pedro J., a Jorge Campos, a Montse Amat, a
Carlos Delgado, a Andreu Prohens, a
Margalida Moner, a Toni Pastor, a Rodrigo
de Santos y, por supuesto, al que teclea en
estos momentos el ordenador. El asesinato
civil equivale en el caso de un
foraster como Pedro J. o como yo a
ese «hay que echarlos de la Isla» que el
falsificador de facturas pronuncia fuera de
sí con su ininteligible verborrea cada vez
que desvelamos sus tejemanejes, los de su
amiga Maria Antònia, los de su aliado
Joaquín Rabasco o cuando ponemos negro
sobre blanco la prepotencia de Código Penal
de ese incondicional suyo llamado
Tolo Cursach cuyo verdadero oficio
es vox pópuli.
La mayoría
natural de esta tierra no puede fallar ni a
la cita de Sa Marjal ni a la fiesta cívica
que ha preparado a continuación la
plataforma cívica Son Servera ¡basta ya!
Todos somos, al fin y al cabo, Pedro J.
Ramírez. Porque como muy bien señaló Isabel
Llinàs en un discurso preciso en el fondo e
impecable en las formas «hoy atacan la
propiedad privada de Pedro J. Ramírez pero
mañana pueden atacar la de cualquiera». A
estos violentos les das el pie y se toman
la mano. Es lo de Bertolt Brecht y el
nazismo que rememoré hace unas semanas:
«Hace unas semanas oí ruidos en la
escalera, era la Policía que venía a por el
vecino del quinto. Pero yo no me preocupé
porque sabía que era judío. [...] Ahora
mismo estoy oyendo ruidos en la escalera.
Sé que es la Policía que viene a detenerme
a mí y pienso que es tarde para
preocuparse».
El sábado todos a Son
Servera. La nueva Mallorca no puede perder
el pulso que le ha echado la vieja
Mallorca. La disyuntiva es clara: o estamos
con el Círculo Balear y con Son Servera
¡basta ya! o estaremos por acción u omisión
con una banda liderada por un tipo (Jaume
Sastre) que apuesta «por poner bombas en
actos públicos» y por «meter en un barco a
los forasters y a los que no hablen
sólo en catalán y luego hundirlo». Vuelvo a
David y Goliat: o les derrotamos
democrática, pacífica y numéricamente o
acabaremos siendo sus esclavos.
e.inda@elmundo.es