FERNANDO
MERINO Enviado especial BARCELONA.- La semana de Sant Sebastià,
durante cinco días se representará en el Auditórium de Palma
La Celestina. Hasta aquí todo normal. Sin embargo, no me extrañaría
estar hablando del que va a ser el acontecimiento teatral del 2005 en Mallorca,
y eso que el ejercicio no habrá hecho más que empezar. Situémonos.
Es la puesta en escena que ha dirigido el canadiense Robert Lepage, con Núria
Espert en el papel principal. Estuve en el estreno absoluto, el pasado día
15 en el Teatre Lliure de Barcelona, y lo 'pintoresco' de la situación
era asistir a una representación en castellano... ante la crema de la intelectualidad
catalana, lo que explica la frialdad de un público selecto que a pesar
de ello no tuvo más remedio que expresar su admiración por un montaje
que roza la genialidad. A mi lado tenía a Jordi Savall, y lo digo
sólo como ejemplo del pedigrí de las butacas. En Palma estas asambleas
hoy por hoy son impensables. Por cierto, la Generalitat Valenciana ha colaborado
en la producción a través de la Ciutat de les Arts Escèniques. Lo
primero que cautiva al espectador es un espacio escénico «que baila
con los actores, es orgánico, se mueve», según Lepage. Ciertamente
espectacular la forma de aprovechar los recursos escénicos y de integrarlos
en el clima y la tensión dramática. Después la adaptación,
a partir de una versión del poeta canadiense Michael Garneau traducida
al castellano. El director Robert Lepage asegura que el filtro que le aporta Garneau
«es muy moderno, y eso me ha permitido encontrar una resonancia contemporánea
del texto de Fernando de Rojas a través de la versión de un norteamericano». Todo
tiene su explicación. Cuenta Lepage que deseaba hacer La Celestina pero
«no conocía suficientemente el castellano y tenía miedo de
equivocarme, y por eso decidí optar por la versión de Garneau. En
su adaptación Michael Garneau subrayaba los aspectos más actuales
de la obra, estableciendo un paralelismo entre la circulación de ideas
del siglo XV (la novela se editó en 1493) y el caos moral y la efervescencia
de culturas que hay actualmente». ¿Dónde entra en juego Núria
Espert? Una gran actriz Conviene no precipitarse, porque el
proyecto de Robert Lepage se remonta diez años atrás, cuando era
director artístico del Centro Nacional de las Artes de Ottawa. «Le
pedí a Michael Garneau que hiciese una adaptación del texto de Rojas
para ser estrenada en Francia (como inicialmente se hizo). Pero inesperadamente
me llegó la revelación. En el marco de otro proyecto de trabajo
con Núria Espert, de repente me sentí fulminado, porque ante mis
ojos tenía ¡La Celestina!». Insisto: ¿qué
pasa con Núria Espert?... Que hable ella entonces. «Todas las adaptaciones
de La Celestina me parecían inacabadas e insuficientes. Abandoné
una versión para el National Theatre de Londres, aunque el trabajo estaba
muy adelantado, porque el texto no me parecía que estuviera a la altura.
Pero al coincidir con Robert Lepage descubrí que el personaje de Celestina
no tenía nada que ver afortunadamente con anteriores caracterizaciones.
A lo largo de mi carrera como actriz ha habido directores que me han marcado el
camino, y coincidió que necesitaba una nueva ruptura, y solamente Robert
Lepage me la podía dar». Núria Espert no duda en afirmar
que Lepage y Peter Brook son los mejores directores del momento. Así pues
tenemos que la excelente química entre Lepage y Espert ha hecho posible
esta joya del teatro clásico, a través de una mirada actual, porque,
como apunta Lepage, «la adaptación de Garneau me ha permitido sentirme
libre para darle una nueva vitalidad a la versión original. No se trataba
de quitarle el polvo, sino de encontrar resonancias contemporáneas». La
actriz valora de la versión de Michael Garnier el hecho de ser diferente
a todas: «En esta versión Celestina tiene un pasado en el que admiraba
a alguien. Eso me ayudó a desarrollar la violencia necesaria para el papel».
El texto se estructura a partir de frases cortas, «igual que un poema»,
destaca Lepage, «con lenguaje directo en el que la energía es fundamental».
Llegando al extremo de que el trabajo físico de los actores ha requerido
un proceso de gimnasio. En ello tiene mucho que ver la espectacular puesta en
escena. Dice Núria Espert sentirse en el mejor momento de su carrera para
representar a la intermediaria de los amores de Calixto y Melibea. «El papel
me llega en un momento estupendo. Tengo 69 años, la vitalidad que Robert
Lepage me exige y la monumental memoria y experiencia que pide el texto». El
resultado es una aproximación, como se ha dicho, muy ligada a nuestro presente
, además de innovadora y plena de sensualidad. Hasta tal punto es sensual,
que esta versión rescata el sexo a través de situaciones realistas.
Escenas de robusta lujuria «en las que los personajes se mueven por el sexo
de una manera que parece impensable que el año 1493 se pudiera publicar,
tener éxito y gustar». Núria Espert afirma que con La
Celestina de Lepage «todos nos hemos entregado de tal manera que parecemos
una compañía de teatro muy sólida con un compañerismo
que yo no experimentaba desde Yerma». No creo equivocarme si afirmo que
desde los tiempos de Lindsay Kemp y Tadeusz Cantor nada parecido se acercaba a
los escenarios de Mallorca.
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