|
CARLES MULET PALMA.- Los Enemigos empezaron a desaparecer el día
en que Josele Santiago, su cantante, su letrista, su guitarrista, dejó
de escribir, tal vez sin saberlo y sin poderlo evitar, canciones para ellos. Tras
15 años juntos, tras regalar por igual lágrimas y sonrisas a través
de un rock and roll castizo y malasañero, irónico, socarrón
y de canciones cercanas que hablaban de lugares comunes, la inspiración
de Josele decidió abandonar este camino. Las canciones nuevas -sin perder
nunca ese lirismo tan característico de Santiago que se mueve a la perfección
entre el cinismo y la amargura - dejaron de funcionar bien con el estilo demasiado
propio, que hasta entonces había concedido al grupo una personalidad delatadora,
pero que limitaba de manera importante su capacidad para cambiar en un momento
dado y dar respuesta a otro tipo de inquietudes. Las nuevas letras pedían
a gritos otro tipo de sonido, alejarse de la habitual contundencia enemiga, de
su rock duro y de los ritmos marcados que no dejaban lugar a la improvisación. Adiós
enemigos
Tras un necesario tiempo de dudas, de si o no, de ahora o
nunca, las canciones ,"auténticas protagonistas de toda esta historia"
según palabras del propio Josele, acabaron por imponerse a todo lo demás
y los Enemigos decidieron disolverse y buscar nuevos caminos por separado, no
sin antes regalar una gira inolvidable, deliciosamente amarga, y dos discos recopilatorios
para homenajear todo un carrerón. Josele Santiago dejó entonces
su nombre en un rincón, se refugió bajo el alias de Maestro Pocero
y anduvo dos años pululando por España, componiendo y arreglando
nuevas canciones, camuflado en pequeños escenarios y buscando, tal vez
desde una desmesurada inocencia y una merecida autoconfianza, una nueva compañía
donde poder grabar. Al final, canciones en mano e injustamente rechazado, decidía
volver a casa, a Virgin, con una nueva banda cómplice y bajo la producción
de Nacho Mastretta, para dar forma y color definitivos a una maqueta que ya llevaba
demasiado tiempo dando vueltas. "Las Golondrinas etcétera"
es el resultado de todo esto. Un primer trabajo discográfico de un renovado
Josele que, con apenas un año en el mercado, se ha gando por derecho propio
el calificativo de imprescindible para casi todo el mundo. Por supuesto, para
los fans huérfanos de Enemigos, que han decubierto en él que tras
la muerte vuelve a haber vida, y también, para todos aquellos que se acercan
al mundo Santiago por primera vez y que caen rendidos ante unas letras que enganchan
por sorprendentes, por su ironía y sentido del humor y por su dolor y su
amargura. Con este disco Josele Santiago ha conseguido traspasar de manera
brillante las barreras del rock que el mismo se encargó de fabricar. Más
suelto, más fresco y con guiños constantes a otras formas musicales
dónde sus nuevas letras encuentran un acomodo fácil y agradecido.
Grabado al calor del estudio pero desde la naturalidad del directo, el disco no
esconde ni disimula sus imprefecciones, derivadas tanto de su espontaneidad como
de un esfuerzo intencionado por acercarse a lo intenso desde cierta imprudencia.
Josele se ha liberado de la contundencia y de los compases marcados y predecibles
de épocas anetriores y ha apadrinado un disco más suave y con más
sentimiento en el que se escuchan ecos lejanos de Tom Waits, Neil Young o Lou
Reed. Santiago llega a Mallorca acompañado por Pablo Novoa (ex Golpes
Bajos) y su guitarra para ofrecer tres conciertos acústicos. Hoy ,en Santa
María, mañana en el Teatre de Manacor y el Domingo día 10
en la Sala Assaig. Merece la pena acercarse. De verdad.
|