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Palma - Rock
Portet: «Hago música popular y perecedera»
 

MARCOS TORÍO

PALMA.- Quimi Portet (Vic, 1957) se ha cortado el pelo porque «la biología sigue su curso inexorable», el de la pérdida, pero continúa siendo un peludo, o lo que es lo mismo, «aquel músico o público que se identifica con pulsiones rítmicas». Y añade: «Es el que tiene la tendencia de intentar hacer lo que le apetece. Es una actitud de improvisar emocionalmente, de tender hacia algo original». Sus últimas improvisaciones rítmicas han dado lugar a un quinto trabajo en solitario La terra és plana (Quisso Records/ Música Global) que esta noche presenta a las 22 horas en el Teatro Municipal de Arta.

Melancólico y triste, el disco tiene su contrapunto «humorístico» en dos versiones que homenajean a la «música popular en estado puro y prosaico, casi tribal»: Wendy de Brian Wilson (Beach Boys) y Rius de Babylon de Boney M, en catalán. La idea surgió de la propia euforia al terminar la grabación del disco. «Estábamos muy contentos, hubo muy poca reflexión y son canciones para intelectuales puros, que no se lo tienen ni que plantear», dice son cierta sorna.

«Me expreso lo mejor que puedo», asegura refiriéndose a su música y se siente reflejado: «Disimulo lo mínimo posible para que la bestia de mi vida privada sea igual que la pública». Parece inevitable usar el calificativo de surrealista para describir lo que hace, algo que acepta «en cierto modo», aunque matiza: «Es histórico y fruto de mi cultura y más bien diría que es la manera que tienen los forasteros de ver el humor catalán», aunque reconoce que es un «halago» y, más que nada, «un modo de ridiculizar los procesos mentales».

Otra pulsión, poética, le llevó a titular su trabajo La terra és plana con una «mentira infantil, ingenua», más inocente que «otras mucho más peligrosas». Grabado en su estudio de Avinyonet de Puigventós (Girona), está coproducido por el propio Portet junto a Antonio Fidel y en él han colaborado, entre otros, Albert Pla y su hija, Eugènia Portet.

La industria no condiciona «nada» los trabajos -«sólo lo hace si eres pusilánime»- del que fuera la mitad de El Ultimo de la Fila. El recuerdo y el nombre de uno de los dúos más exitosos de la música española «no pesa nada». «Estoy muy agradecido a esa época» que supuso «una experiencia inolvidable» junto a Manolo García, pero necesitaba hacer «cosas que estaban en el tintero». Sobre todo, dos: «Cantar en mi propia lengua y explorar lenguajes textuales y sonoros imposibles en El Ultimo de la Fila».

Compone «igual» que lo hacía estando en el grupo. «La música es un juego, pero el texto me obliga a implicarme mucho más», asegura antes de rematar con sinceridad: «Hago música popular, perecedera que se inventó para que la gente encontrara novio. Es un género menor».

Además de peludos, hay músicos «bípedos» que «no se conforman con el mainstream ni los convencionalismos». Y una última reflexión sobre el gremio: «Es el más democrático que conozco. Conviven peludos analfabetos con gente de una vastísima cultura. Puedes encontrar desde licenciadosen semiótica hasta camioneros. Por eso, el formato de grupo tiene la ventaja de poder unir talentos dispares para crear propuestas originales».