| CARLES MULET LLOSETA.-
Doce años de Luna. Doce años de música que llegan a su fin.
Un adiós triste. Triste y amargo, como lo son casi todas las despedidas.
Pero dulce, muy dulce, como no podía ser de otra manera tratándose
de este grupo. "El rock n' roll estaba matando mi vida", avisaba
hace poco Dean Wareham líder y vocalista de la banda. Y cuando la música
mata, cuando la música hiere y duele lo mejor es dejarlo. Paradójicamente
dejarlo con más música.. Con un nuevo disco. Con el último,
con Rendez Vous. Y con conciertos. Una gira de presentación y despedida.
Un paseo de más de una década que ha llevado a Luna desde Nueva
York hasta el cielo. Y por el camino, ante de llegar al final y desaparecer, una
parada en Lloseta. Una parada para decir hola y adiós. Para siempre. Una
parada para regalar a sus seguidores nuevas canciones y despedirse, seguramente
y aunque no se vean, con lágrimas en los ojos, hasta que la música
deje de hacerles daño. Los deberes hechos Luna ha querido
marcharse de la manera menos desgarradora posible. Para ellos y para sus seguidores.
Rendez Vous es y será su último disco. Un trabajo que posiblemente
no sorprenderá a nadie pero que no defrauda en absoluto. Sonoridad lunática
en estado puro, sin experimentos, sin necesidad de evolucionar a ningún
sitio. Todas sus virtudes de siempre al completo. Melancólicos a
dolor, preciosistas, atmosféricos. Muy atmosféricos. Letras que
invitan a soñar acompañadas por unas melodías abrumadora
y descaradamente bellas. Una voz siempre cálida y unas guitarras tan expresivas
como seductoras para un pop elegante. Un pop elegante para una banda también
elegante que reaparece con la mejor versión posible de Luna y que sirve
para confirmar, una vez más, que este cuarteto hace ya tiempo que supo
encontrarse así mismo y crear un estilo propio e inconfundible. Quizás
Rendez Vous suene un poco más rockero que trabajos anteriores como Romántica
(2002) o Days of our nights (1999). Más sexy, más vivo. Sin renunciar
en ningún momento al componente onírico, a las texturas calmas y
a los ambientes etéreos por los que suelen caminar, pero más cercano
a una versión en directo de la banda. Un séptimo trabajo,
en definitiva, que sirve como perfecto colofón a una carrera sólida
y coherente. Herederos de Galaxie 500 -anterior grupo de Wareham- Luna no ha tratado
nunca de disimular su gusto y admiración por sus héroes musicales.
Entre canción y canción, entre nota y nota, es fácil reconocer
aires del mejor dream pop de grupos como My Bloody Valentine o los Cocteau Twins
o un poquito de la Velvet Underground en su versión más amable,
calmada y melódica. Un escenario perfecto como el Teatre de Lloseta,
un precio más que asequible paralos tiempos que corren, la presentación
de un disco magnífico y la ocasión para despedirse en persona de
una banda incapaz de hacer mala música, son motivos más que suficientes
para no perderse este concierto. Una última oportunidad para disfrutar
en directo de Dean Wareham, Sean Eden - que por primera vez descubre al público
su voz y se anima a cantar dos temas-, Britta Phillips - más embriagadora
que nunca- y Lee Wall. Hasta siempre Luna.
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