| Joan Pla Tanto con el presidente popular Jaume Matas i Palou como con el presidente socialista Francesc Antich i Oliver he mantenido siempre muy buenas relaciones de amistad. El fundamento de nuestra cordialidad y entendimiento está en que ninguno de los dos ha recibido peticiones de mi parte, ni siquiera insinuaciones indirectas, a la hora de repartir cargos o encargos en el campo de la Cultura, de las Artes y del Periodismo que son los tres asuntos que, con mayor o menor solvencia, realizo cada día. Ahora, cuando analizo ciertas maniobras periodísticas en las que algunos colegas ya empiezan a envenenar el aire con odiosas comparaciones de si Zapatero es más simpático con Matas que Aznar con Antich, llego irremisiblemente a la conclusión de que, en política, las cosas siempre suceden justo al revés de lo que pronostican y anuncian los lamerones de turno, que son los mismos perros de siempre con distintos collares. Definitivamente, lo único que admiro es la mano izquierda, dialogante y educada, de determinados políticos. La mano derecha suele ser prepotente, dogmática y, muchas veces, insultante. Me refiero a la mano derecha de los pontífices y mandarines de la izquierda, naturalmente |