| Joan Pla Releo una de las cuartetas que, para felicitarme la Navidad y el Año Nuevo, me ha mandado la Fundació Rotger-Villalonga de Pollença. Hablan en mallorquín de la paz, de las alas de las gaviotas y del barco de la alegría. Me recuerdan al poeta Juan Boscán, cuando empieza un soneto con este verso: «Mueve el querer las alas con gran fuerza». Los poetas y los pájaros suelen ir juntos cuando se habla de paz y de alegría. Casi todos hablan de la paloma, refiriéndose a la paz, pero son muy pocos los que asocian la paz con las gaviotas. Ni siquiera el Partido Popular, creo, al tomarlas como logotipo del partido. Nos decía Miguel Delibes, escritor magno y cazador de perdices, que la gaviota tiene un vuelo reposado y siniestro. A veces, en los acantilados de la isla me paro a contemplar su vuelo majestuoso y su negra mirada fatal, su vuelo rasante contra el pez incauto. Algunas gaviotas abandonaron las costas y los alimentos del mar e instalaron sus comedores en los grandes basurales de Calvià. Las he visto. Me recuerdan a mi tocayo Carrau en el gran banquete de la corrupción urbanística. |