PUPUT I ANGELOTS

La puputada

 

Joan Pla

La semana pasada llamé a Joan Mir para felicitarle por su artículo acerca de nuestro paisano Miquel Bauçà. No he hablado con ninguno de los otros colegas que también han escrito o han hablado sobre la muerte de M.B. Se han publicado diez o doce espléndidos artículos en los que se exaltan sus valores poéticos y literarios, al tiempo que, por mala leche o por pura envidia, se han subrayado también sus deficiencias biológicas más notables, tales como la esquizofrenia, el alcoholismo, la agorafobia, la insociabilidad y la depresión constante. Incluso hay uno que, junto a la única foto de Bauçà que ha circulado, nos ha contado la historia de la mujer, sobrina de una monja, que acaba masturbándose en la cabina de un sex-shop. Miquel Bauçà i Arthur Miller, por lo visto, excitan la verriondez de algunos poetas locales. Cuando opinamos públicamente acerca de un muerto importante, casi siempre decimos que era amigo nuestro y que le queríamos mucho, pero mi paisano Bauçà decía: «Déu m’estima si sóc bo…però així no te cap gràcia». Por mucho que se alejase de Felanitx, jamás perdió el espíritu del puput y de la puputada. Amen.