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Quim y la Fira Joan Pla Mi colega Quim Monzó puede resultar gracioso, pero no crítico ni valiente, cuando se dirige a los políticos de Cataluña, Valencia, Baleares y Alemania que escuchan su discurso inaugural en la Feria del Libro de Fráncfort. Se limita a decir que «los políticos son hábiles malabaristas» y señala que sus discursos se los acaba llevando el viento. Van los políticos -Montilla, Maragall, Carod, Benach, Lladó, Tous, Galmés, etc.- y aplauden la coña con grandes aspavientos de alegría. El coro de artistas y mercaderes invitados aplaude a rabiar. Luego añade Monzó que Mallorca es un lugar «geriátrico-turístico para los alemanes» y toda la cultura catalana allí presente se ríe de oreja a oreja y suspira de felicidad. De los 600 metros cuadrados que le otorga Fráncfort a Cataluña, siete, sólo siete, son para los escritores y editores baleares seleccionados por Janer-Matas y por Serra-Antich. No pasarán frío, tan apretaditos. Un puput, al margen del barullo, busca las obras escritas por los políticos que aparecen, ufanos y felices, en la foto oficial. Un angelote con evidente mala leche, contagiado por el divertido Monzó, alza el brazo como un romano y grita: «¡Viva Fráncfort, Arriba España!» |