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Joan Pla Mientras leía el artículo Amigos para siempre, de Bartolomé Beltrán, tuve noticia de la muerte de mi entrañable y viejo amigo Rafel Estaràs. El título de Beltrán cuadraba perfectamente con mis sentimientos y con el concepto de amistad que siempre he procurado mantener con personas como Rafel Estaràs, con el que siempre viví, a tope, los tres principios básicos de la Revolución Francesa: libertad, igualdad y fraternidad. Lo del artículo de Beltrán, dicho sea a propósito, nada tiene que ver con la amistad que aquí se exalta en memoria de Rafel Estaràs. Beltrán habla de «amigos peligrosos» y afirma «saber como tratarlos, o mejor aún, eludirlos o alejarlos para siempre de nuestras vidas». Rafel, músico, cantautor, micólogo y padre de familia, decía todo lo contrario: no eludía a nadie, no dejaba de ser cordial, incluso con aquellos que, después de muerto, han tratado de politizar su bondad y su talento político, nunca excluyente y absolutamente imparcial. Los dos perdimos a un hijo en la flor de la edad. Siempre agradeceré los días de libertad y democracia que vivimos juntos, como aquel sábado de gloria en Jack el Negro, cuando Suárez legalizó a Carrillo |