MARCOS
TORÍO
PALMA.- Dos hombres sentados espalda contra espalda, concentrados
en direcciones opuestas. Los seres de Max Neumann sienten el vacío de una
sociedad de masas, donde la individualidad se pierde en aras de lo uniforme. Las
caras se borran, los ojos de difuminan y las personas desdibujan sus rasgos humanos
para acercarse a lo animal. Sólo seres anónimos.
La Sala Pelaires
expone desde el viernes mismo17 ejemplos del mundo que Neumann explora en sus
telas y papeles encolados sobre éstas. «Busca cosas fuera de lo terrenal,
una cultura enigmática y desconocida», asegura el galerista Federic
Pinya. Una vez más el arte es sólo «el soporte y la excusa
para explicar la visión de su mundo» que se viste, mayormente, del
negro que todo lo puede, que oculta los miedos y cobija el misterio.
Ese
estar y no estar camina con equilibrio entre la figuración y la abstracción.
Las formas están claras aunque los contenidos queden muchas veces a expensas
de la imaginación. Joachim Sartorius escribió que Neumann cree en
«las creaciones juguetonas, las encarnaciones de obsesiones y las energías
compulsivas».
En su pintura confluyen entonces pesadillas, angustias
y sueños. Lo irracional se pasa por el filtro de la pintura. Son obras
sin título listas para explorar en la Sala Pelaires.