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EL APUNTE
El mito de la Part Forana se desmorona
JOAN FONT ROSSELLÓ
Me lo estoy pasando en grande acompañando a Carlos Delgado en su recorrido por las juntas locales de Mallorca en su afán de recoger avales y captar voluntades. La acogida está siendo extraordinaria, incluso en aquellas juntas cuyos líderes ya se han postulado a favor de Rosa Estaràs. Hace dos semanas la estrategia del entorno de Estaràs, ahí está la hemeroteca para rescatarlo, era ningunear a Delgado y afirmar que como máximo alcanzaría los 250 avales ya que, decían, representaba a un sector minoritario del partido. Yo sigo teniendo un gran respeto por los actuales jerarcas del PP balear. Por una sencilla razón: siempre se equivocan. Delgado lleva de momento más de 350 avales.
Delgado empezó la pugna con no pocos handicaps de partida. Anunciando su candidatura a destiempo, después de la elección de los compromisarios, no se preocupó con antelación de trabajarse las juntas locales para meter como compromisarios a militantes afines a su proyecto. Empezó además a recoger avales varios días después de Estaràs, un periodo precioso que aprovechó la presidenta para hacer acopio de ellos. El tercer handicap era que los militantes del partido, salvo los de Calvià, no conocían a Delgado sino a través de unos medios de comunicación que, a excepción de este rotativo, siguen refocilándose en crear una imagen distorsionada y falsa de él. Doble handicap por tanto: no sólo las bases del partido no le conocían personalmente sino que además ha tenido que luchar contra una pésima imagen labrada a conciencia por Última Hora, Diario de Mallorca, Baleares, IB3 y la Telegoñi, enemigos a muerte del PP balear. Otro handicap era su condición de castellanoparlante, lo que en teoría dificultaba su penetración en la Part Forana. Y digo «en teoría» porque algunos defienden que en el seno del PP conviven dos almas. Una españolista, la de Delgado, y otra partforanista y próxima al catalanismo, contraria por tanto a las libertades lingüísticas que preconiza Delgado y que representarían Rotger, Jaume Font o Cati Soler, y en ausencia de éstos, la propia Estaràs. Este mito, denominado mito de la Part Forana, ha resultado ser lo que es... un mito, una superchería. Delgado está siendo apoyado por no pocos compromisarios de Muro, Campanet, Artà, Petra, Capdepera, Andratx, Pollença, Manacor, etc., etc.. El mito es falso por una sencilla razón: la lengua no determina a los ciudadanos normales en la medida que ya quisiera el catalanismo. La lengua que uno habla es simplemente un rasgo más a tener en cuenta, pero uno más y, para las bases del PP, muy secundario. Lo importante es lo que se dice, no el idioma en que se dice. El mito lo pusieron en boga los detractores de Delgado para cortarle las piernas antes de empezar a correr, los mismos interesados en hablar ahora de las «distintas sensibilidades» del partido dando a entender que Estaràs es la única capaz de aglutinarlas. A tenor de lo que estoy observando en estas reuniones con las juntas locales, es verdad que existe una sensibilidad distinta al proyecto de Delgado. Pero esta sensibilidad no hay que buscarla en modo alguno –repito, en modo alguno– en las bases del partido, sino en algunos líderes locales próximos al aparato. De hecho, las bases salen de estos encuentros convencidas de la necesidad del proyecto regenerador que propone Delgado. Y si no lo avalan en mayor medida es por miedo a no caer en desgracia entre los mandamases del partido. Esta es la realidad de la que yo estoy siendo testigo.
Otro de los estereotipos recurrentes es que el discurso de Delgado es monocorde con el tema lingüístico. Falso. Su programa (vean www.porbaleares.com) es mucho más profundo. 150 folios repletos de medidas anticorrupción, propuestas para fomentar la seguridad jurídica e impedir la fuga de inversiones de nuestras islas y una apuesta clara de cambiar el partido de arriba abajo: primarias, limitación de los cargos electos a ocho años, eliminación de la duplicidad de cargos, inversión de la renovación del partido desde las juntas locales hacia la dirección nacional, etc., etc...
Un programa rompedor que está haciendo temblar a las vacas sagradas del partido que, nerviosas... apenas consiguen farfullar unos gemidos ininteligibles de no sé qué de «científico», no sé qué de «inviable» y «utópico» y no sé qué de las «formas» de Delgado, el último recurso al que se aferran los que carecen de lo más importante: ideas y coraje. Ya es penoso que los jerarcas del PP recurran a los mismos argumentos de autoridad cientifistas de los pancatalanistas como cortina de humo para ocultar su sistemático desprecio a nuestras modalidades. Propio de indocumentados que hablen de «utopía» cuando en el País Vasco coexisten tres líneas lingüísticas educativas. Y gracioso que los mismos que ponen objeciones sobre lo caro que nos saldría implantar un modelo de cuatro vías lingüísticas –otra falsedad: lo caro es el trilingüismo- hayan dejado las arcas de la comunidad con más de 3.000 millones de euros de deuda, engendraran esta sangría que es IB3 o se presentaran a las elecciones prometiendo una Ópera, tapar la Vía Cintura o construir playas artificiales en una isla donde lo que sobran son playas.
El entorno de Estaràs comienza a estar preocupado. No se esperaban que Delgado, esta «sensibilidad residual» en principio, tuviera la acogida que ha tenido entre las bases. Por si fuera poco, estas pseudoprimarias están teniendo, como dice Antonio Alemany, una inesperada e impagable virtud: acabar con las ambigüedades tradicionales de los mandarines populares. En efecto, el discurso nítido de Delgado les está obligando a quitarse la careta, a retratarse. Ahora ya sabemos que quién está en sintonía con Madrid en la cuestión lingüística no es Estaràs, sino Delgado. Estaràs y Fiol se están revelando como unos liberticidas. Satisfechos, como la izquierda, del papel jugado como arquitectos sociolingüísticos, están en contra de una libertad tan esencial, reconocida por la Constitución y santo y seña en un partido liberal, como la libertad de los padres a elegir la lengua en los colegios. Increíble pero cierto. No, no eran los complejos, no. No se engañen otra vez: sencillamente hemos estado en manos de unos catalanistas que gestionaban a su manera nuestros votos. Y así nos ha ido. Me temo que los compromisarios y los votantes están tomando buena nota.
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