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  Domingo, 4 de mayo de 2008. Actualizado a las 13:17
 

AHORA QUE ESTAMOS SOLOS
«Primero fueron a por...»

AGUSTÍN PERY

Confieso que hoy tengo miedo. Que la columna me impone respeto. Que temo que no me entiendan, que crean que exagero, que digan que alimento hidras y azuzo monstruos. Me asusta que mis palabras puedan ser malinterpretadas, que vean en mí a un heraldo de malos presagios, a un profeta de taburete.

He escuchado a tirios y troyanos, he consultado con aquellos que respeto más allá de siglas, y aquí estoy, acongojado, cavilando si lo que va a leer servirá para dividir más que para unir, que nuble más que aclare, que enerve más que apacigüe. He tratado, en definitiva, de entender a los otros, de ver si las razones que esgrimen son bandera de verdad o sólo pendón de una gran mentira.

Hasta he caído en la trampa del lenguaje. Si por querer convencer no acabaré imponiendo, si por querer cohesionar no terminaré excluyendo, si en mi búsqueda de la igualdad me encontraré discriminando. ¿No será mejor entonces que calle y deje hacer? ¿Que mire para otro lado y borre de mi cabeza el poema de Martin Niemöller? Pero no puedo. «Primero vinieron por los comunistas...» Sigo titubeando ante el teclado... «... pero como yo no era comunista no alcé la voz...» ...Atenazado por lo políticamente correcto... «....Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío» ....Sabedor de que ahora me llamarán fascista... «...luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista...» ...Pero y ¿qué? Si veo en la Alemania de 1945 la lección... «....Luego vinieron a por los católicos y no dije nada porque yo era protestante...» ...para la España de 2008... «...Luego vinieron por mí. Para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada» ...Y sé que si tecleo este poema es porque se trata de un hermoso y desgarrador mea culpa. La parábola, excesiva sin duda pero real, que puede servir para entender lo que se cuece en Baleares. El mensaje es claro en los versos de Niemöller: callar ante la injusticia, sea del grado que sea, nos convierte en cómplices del abuso. Y él se reconoció copartícipe del horror. El héroe de la I Guerra Mundial colgó su uniforme para subirse a un púlpito desde el que arengó a sus feligreses sobre el peligro del comunismo, vio en Hitler al salvador que necesitaba la humillada Alemania. Ycuando se dio cuenta de su error, clamó contra la barbarie y fue enviado al campo de concentración, del que sólo saldría acabada la guerra.

Probablemente, muchos de ustedes, y es lo que más me agobiaba, se sentirán ofendidos por el uso de un ejemplo que consideran tabú. Pero ya saben que me niego a ser políticamente correcto cuando lo que creo es que el Govern se ha servido de herramientas democráticas para cometer un acto puramente totalitario. Como soy cobarde, busco aliados. Preguntado por este diario, Mateu García se explayaba a gusto: «Que quieran eliminar el castellano de la señalización es ir en contra de una de las lenguas. Es relegar al olvido a una de las lenguas de la Comunidad. Esto ya es pasarse. Tan oficial es una lengua como otra. Es una imposición como en la dictadura, como con Franco pero al revés».

Que tenga cuidado el secretario general del sindicato de funcionarios (CSIF). Puede acabar satanizado como Niemöller. Proclamar su amor por el catalán mientras pide que la «gente lo ame por lo que es», que advierta con todo el seny del mundo que «si se impone a la ciudadanía, ésta acabará por rechazarlo» convertirá a este sindicalista en un colaboracionista de los invasores llegados por el mismo mar por el que arribó a estas costas Jaume I. Alabo su valentía casi tanto como repudio la cobardía de aquellos que dieron la espalda al problema, que prefirieron el silencio secuaz a la denuncia activa. La Alemania hambrienta y humillada por una derrota bélica y una mala paz acunó a un monstruo mesiánico, un libertador de la nada que primero engatusó con la palabra para acabar sometiendo con las armas. No. Aquí no hay camisas pardas, los comisarios lingüísticos tampoco van armados ni a los castellanohablantes se les tatúa una ñ en la frente para que los buenos mallorquines reconozcan el peligro por la calle. No, los buenos nacionalistas baleares no imponen, fomentan; cohesionan, no excluyen; discriminan pero positivamente. Pero el pasado martes, envalentonados tras las anchas espaldas de sus socios de Govern, se atrevieron a mostrar sus verdaderas intenciones. En los folletos que repartieron no hay interpretación torticera ni exageración españolista tras la que escudarse. Lo pone bien claro: «Cualquier publicación, material o campaña del Govern ha de hacerse en lengua catalana. No se podrán hacer versiones bilingües.» «Los trabajos que elaboren instituciones o empresas externas a la administración autonómica han de ser en lengua catalana». «Toda la señalización de la Comunidad Autónoma ha de ser en lengua catalana. No se pueden hacer versiones bilingües». Renuncio a que el partido español que se dice de centro izquierda reconozca que prefirió aliarse con los nacionalistas antes que hacerles frente. Que compró sus tesis a cambio de gobernar. Ni tan siquiera trató de domesticar a la fiera. En este circo que es hoy España, Zapatero se transmutó en el Houdini de la política para hacernos creer que bastaban cuatros trucos de magia para que el tigre se convirtiera en lindo gatito. Pero el espectáculo llega a su cenit cuando el domador entra en la jaula y hace restallar el látigo. El PP creyó que los independentistas pasarían por el aro, que los podría apaciguar a golpe de estatutos, leyes y decretos. Durante un tiempo pareció que así sería pero hoy, al fin, se ha demostrado que dejaron la puerta abierta para que la fiera diera rienda suelta a sus instintos. El domador se desangra en la arena mientras el director de pista trata de calmar al público. Recuerda que los tigres están bien alimentados, que tienen las garras romas y que es mejor quedarse quieto, mirar, otra vez, hacia otro lado. No enfadarlos para no ser objeto de su furia. Si no quieres que te llaman extremista lo mejor es dejar que ellos lo sean. Y los nacionalistas rugen que son una nación porque hablan una lengua. Si no defiendes el catalán, si no lo valoras, estás atacándola. Imponiendo su uso, que no fomentándolo, acabarán encontrando su shangri-la catalanista. Para lograrlo basta con envolver la mentira con papel de regalo. Así, ves cómo un político del PSOE justifica el arrinconamiento del castellano con el argumento de que «ya entra hasta por las ventanas»; marginas a los padres y permites que los profesores, nacionalistas en su mayoría, elijan la inmersión en catalán sin tan siquiera pensar si es mejor para el futuro de los alumnos que se formen en el bilingüismo; soportas con resignación que una joven instruida conteste en catalán a tus preguntas en español, y dudas de que hiciera lo mismo si fueras inglés. Rompen la cooficialidad con el falso argumento de que si no es así, el idioma de estas Islas se acabará perdiendo, (yo me pregunto si lo que corre peligro no es en realidad la variedad dialectal natural de Mallorca, víctima de la estandarización). Lo que afortunadamente no pudo lograr el dictador con mi madre y mis tíos parece que lo haremos ahora los demócratas: acabar imponiendo un idioma sobre el otro. Los nacionalistas han logrado que la lengua deje de ser un instrumento de comunicación para cargarla de resentimiento. Quizá porque esperan que así los malditos forasters acaben odiando aquello que deberían amar y se den cuenta de que no los quieren aquí. ¿Y qué harán entonces todos los que se creyeron, los populares especialmente, que tras estas medidas lo que se buscaba era proteger la lengua materna sin prohibir la común a todos? «....Para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada»

 
   
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