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  Viernes , 2 de mayo de 2008. Actualizado a las 18:18
 

LA TELARAÑA
Dos de Mayo

JUAN PLANAS BENNÁSAR

Parece que el bien y el mal –o en su defecto y más allá de cualquier tautología, la civilización y la barbarie– comparten un mismo espectro genético y que no hay nada de extraño en la cohabitación de las versiones y perversiones de una sola identidad en el interior del mismo cuerpo, en la misma realidad social y en el mismo tiempo usurpado –aunque desde ángulos distintos– por la lucha añeja y fratricida entre la belleza, que nos produce desasosiego, y el horror, que nos deja a merced de la náusea.

Esto explicaría –si fuera preciso y estuviéramos tentados de hacerlo, que no es el caso– la doble vida de Josef Fritzl: abajo, la sórdida recreación de un sótano de los horrores y arriba, la tranquila ficción de una vida normal ante la indiferencia del vecindario. Entre ambos mundos, en apariencia antagónicos, hay sólo un nexo de unión, pero es un nexo que puede calificarse de definitivo, la verdad simultánea y existencial de ambos personajes, el carcelero brutal y el ciudadano corriente. El cerebro es un lugar complejo. Un subterráneo con vistas. Un ático clausurado. Pero hoy es Dos de Mayo. La fecha la recordamos del bachiller impregnada de un aroma triunfal y heroico, patrio, que ahora nos pilla a desmano, desprevenidos y ajenos. Podríamos agradecerle a Napoleón que sirviera de pretexto para el talento de Goya y recordar, con ambos, cómo el sueño de la razón engendra monstruos y así pesadillas, pero las cosas no han cambiado tanto y siempre hay invasores dispuestos a cumplir su destino.

Ahora el gobierno de las Islas acaba de establecer el catalán como lengua única en las actividades de la Administración. Margarida Tous –directora de política lingüística– ha sido diáfana. Hay que cohesionar la sociedad. Abrevarla. Normalizarla. La transmutación la sufrirán más sus propios funcionarios que nosotros, sus ocasionales visitantes, pero será divertido obligarles a hablar en español cuando nos plazca. Seguro que muchos, también, nos lo agradecerán. Vaya lo uno por lo otro.

 
   
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