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  Lunes, 14 de abril de 2008. Actualizado a las 22:00
 

LA TELARAÑA
La vejez

JUAN PLANAS BENNÁSAR

Quizá porque sabemos, desde siempre, que al final nos aguarda una jugada magistral para la que no tendremos ninguna respuesta, la vida es como una larga partida de ajedrez. Las figuras corren sobre el tablero a cuadros sabiendo que un reloj inalcanzable cifra sus horas, las nuestras. Movemos pieza y detenemos el tiempo.

En el espejismo de esas pausas nos hacemos viejos, le sacamos el brillo a los ojos y, así, al mundo. Es, pues, de agradecer que IB3 se haya convertido en una especie de estanque dorado de la tercera edad, en el reposo jubilar de la ancianidad, en el sucedáneo virtual de los viajes del IMSERSO. Martorell no quería audiencia pero la ha encontrado. Los mayores de 65 años adoran su canal y nosotros –que aún estamos en camino– nos alegramos muy mucho. Es un consuelo saber que nos aguarda el ocio definitivo, el festín crápula de la frivolidad, la manipulación y la indigencia cultural. Qué suerte.

Ahora, que hasta Scorsese rinde –en Shine a Light– su tributo a la decrepitud luciferina de Jagger, no podemos olvidar los méritos de llegar a viejo, de ensimismarse con el rumor lento de las articulaciones, de vestir ceremoniosamente el difícil traje de las propias arrugas.

Convengamos en que llegar ahí es ya un prodigio y más, un milagro y un desafío a la gravedad y a la inercia, una danza en el silencio que precede –dicen– a la calma final. Quién sabe. Los que huyen de la calma son los más jóvenes.

Están en su derecho y si no ya lograrán los psicólogos de las alianzas por civilizar que así sea. Barbàra Galmés nos informa que el Instituto para la Convivencia y el Éxito Escolar –otro eufemismo asfixiante– ha registrado en dos meses dieciocho conflictos escolares: peleas, abusos, tal vez acosos. Y nos propone cambiar el nombre de las cosas. En vez de hablar de restablecer la disciplina nos dice de crear unidades de convivencia con mediadores escolares (sic) para poner paz donde escasee. Algo así como la misión en Kosovo de nuestros Baleares II. Viva el diálogo.

 
   
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