O, al menos, estos son los datos oficiales de 2005 que habría que corregir ajustándolos a los descastes y a la propia reproducción de la especie.
«Tenemos demanda hasta de propietarios de campos de golf. Allí también están arrasando el césped», explica el presidente de la Federación de Caza de Baleares, Jaume Ripoll. Su organización es la que se encarga, en su mayor parte, del plan de eliminación de cabras domésticas asilvestradas y mestizas que lanzó el Govern hace dos años.
No es para menos. El efecto herbívoro de una superpoblación caprina ocasiona daños similares a los de un incendio. Además, estos animales tienen una habilidad muy especial para capturar las hojas más pequeñas; por lo que llegan a devorar entre el 35 y 70% de los árboles jóvenes.
Sólo los cartuchos están frenando la progresiva pérdida de cubierta vegetal y el consiguiente riesgo de erosión. «Llevamos el programa de descaste al día. Ya lo hemos hecho en el 100% de las fincas públicas. Pero todavía falta mucho para que se alcance el nivel que hemos conseguido en el coto de La Victòria».
Ripoll se refiere a la reducción del 65% de cabras no puras en un coto de Alcúdia. La purga ha conseguido que la cabra fina mallorquina haya recuperado su dominio en un 85% del territorio.
Una cifra que ha permitido al vedado abrir las puertas a los cazadores que quieran abatir un ejemplar cimarrón.
Pero la purga no es suficiente para el Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales en las Islas Baleares (COITF). Su decano, Francisco Grimalt, afirma a Efe que la única solución es «eliminarlas», pues no juegan «ningún papel ecológico» y son el principal motivo de la deforestación de Mallorca.
Hasta 53 especies
Cita que el hábitat del tejo y el arce, ambos protegidos, está seriamente amenazado por estos herbívoros. De hecho, estas dos especies y muchas más. En el marco de un proyecto elaborado por la empresa Pandión, se llegó a estudiar el contenido estomacal de veinte cabras.
Fueron identificadas hasta 53 especies vegetales. De ellas, muchas en peligro de extinción y legalmente protegidas. El problema se acentúa si se tiene en cuenta que las heces caprinas nitrifican ciertos hábitats acabando con plantas rupícolas que son exclusivas de la isla.
El decano del COITF achacó al Govern que no esté haciendo nada para gestionar la superpoblación al no querer enfrentarse a los cazadores y asociaciones de animales. En este sentido, criticó que la Conselleria de Medio Ambiente se dedique a plantar árboles, cuando todos los que son menores a dos metros acaban siendo devorados.
Ante estas críticas, el presidente de la Federación de Caza asegura que las reforestaciones irán a buen puerto. «El descaste es continuo debido a que una cabra puede criar entre una y dos veces al año. Lo hacemos en base a un seguimiento científico», dice Ripoll quien, sin embargo, sí afirma que en las fincas privadas el trabajo se complica.
La cabra fina, la de raza pura, fue introducida por los pretalayóticos entre el 2330 y el 2050 a.C con el objetivo de beber leche. Considerado un fósil viviente que requiere conservación por la ComisiónEuropea de Medio Ambiente, los destacamentos militarse se abastecieron de ella durante la Guerra Civil.
Durante años fue la auténtica reina de la Serra de Tramuntana. Hasta que otro tipo de cabras (que fueron introducidas mucho más tarde) se escaparon de las granjas y se asilvestraron. Y empezaron a reproducirse unas con otras sin reparos por las diferencias. Sus hijos, mestizos, han contribuido todavía más a la mezcla genética.
El resultado: el ADN de la raza fina está en peligro. Es por ello, que la purga ejecutada por la Conselleria de Medio Ambiente ha de ser discriminada. Si no lo fuera, la cabra mallorquina se extinguiría.
Paralelamente, la proliferación de cabras está íntimamente ligada al progresivo abandono de la actividad agraria en la Serra y el Llevant. Hasta hace 50 años, la población se mantenía a raya debido al control poblacional que ejercía el payés. La caza, mediante perros y lazos, suponía una importante fuente de ingresos y una fuente de alimento.