Este cadáver tuvo que aparecer en el pasadizo o después o muy poco antes del pasado mayo, de la fuga de Matas tras las autonómicas. ¿Por qué? Porque desde entonces Eberhard Grosske ya no husmea en los sótanos de Cort y aledaños del poder, en busca de restos arqueológicos y otros bienes patrimoniales.
Hasta entonces, Grosske supo colarse en todos los pasadizos, garajes y buhardillas para pillar al PP en alguna negligencia.
Nuestra muralla, por lo visto, tiene tan buenas prestaciones como el mejor sarcófago de la mejor pirámide de Egipto. El difunto no se ha podrido. El muerto en calzones cortos de color rojo estaba hecho un fósil. En la foto no se distingue entre la gravilla y la argamasa del suelo y la carne muerta. La teoría de que es un indigente alemán parece verosímil. El caso empieza como un capítulo de CSI Miami, con palmeras y todo. Ayer CSI perdió audiencia a favor de ZP y Rajoy. El debate en La Primera se llevó el gato al agua, cosa que no hubiera pasado de haber emitido IB3 un especial Momia de la muralla, que es lo mínimo que merece un caso como este.
El muerto dicen que es joven, de unos treinta años. Puede que no viviera allí, que se metiera en ese túnel igual que los dos jóvenes que lo han encontrado, una noche de copas. A lo mejor vio Ratonpolis en el cine y le entró una gran curiosidad por ver con sus propios ojos el submundo de Palma.
Querría confirmar que las ratas de superficie no salen de la nada. Que esos dientes de roedor y esa contabilidad de faraón de Bartomeu Vicens tienen una explicación biológica, unos orígenes, son fruto de una refriega genética y un triunfo, una prueba más del acierto de Darwin. Al final la momia se sabrá que es lo que queda de un periodista que se acercó demasiado al queso de la verdad. Ahora unos arqueólogos españoles han hecho grandes hallazgos en Egipto. No sé por qué se van tan lejos, teniendo en Son Oms una mina.
La fiscalía anticorrupción debe de tener un buen equipo de arqueólogos, desratizadores y bomberos, aparte de expertos en delitos fiscales. La egiptología moderna no se desarrollará en la tierra del Nilo, sino en las murallas de Palma, Es Baluard, y ese futuro museo de los pelotazos cuya guía de visita desmenuzará el joyero de María Antonia Munar.