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  Domingo, 10 de febrero de 2008. Actualizado a las 19:11
 

Golpe a las timbas millonarias de la capital del Llevant


LORENZO MARINA MANACOR.– Mientras Esperanza Aguirre se rodeaba el viernes de un millar de mujeres del Partido Popular en un conocido restaurante de Manacor, los dados rodaban en torno a apuestas millonarias en dos casinos clandestinos del municipio. Caballos y hasta fincas se ponían en disputa sobre el tapete de las timbas furtivas de la capital del Llevant. Cuatro cámaras de videovigilancia, porteros y las puertas blindadas les proporcionaban el tiempo suficiente para ocultar todo el entramado de juego ilegal. A ninguna persona desconocida se le permitía el acceso. Sobre las 22.45 horas, un policía de paisano con marcado acento payés encontró la vía de acceso. «Tengo dinero encima y es para gastarlo», argumentó el agente encubierto. Su propuesta le pareció lo suficientemente convincente al portero y le permitió el acceso. Craso error. Nada más abrir la puerta, una turba de agentes encapuchados le pisaron los talones y sorprendieron a los artífices del suculento negocio del juego ilegal, completamente opaco al fisco. Gracias al agente infiltrado, los policías evitaron tener que tirar la puerta, aunque estaban preparados para ello. Los dos socios del casino clandestino Can Granot- Cas Cavaller no tuvieron oportunidad de reaccionar. La Operación Dado les pilló por completo con la guardia baja. Después de siete meses de investigación, se buscó el momento propicio para ponerlo en marcha. Mientras unos agentes irrumpieron a través de la puerta del bar usado como tapadera en el número 5 del Paseo Antonio Maura, otros miembros del operativo taponaron la posible vía de escape en la parte trasera, en la calle Amistad. 180.000 EUROS AL MES El juego del 7x1, el preferido en Manacor, mueve importantes sumas de dinero en este casino ilegal. En torno a 180.000 euros se ponian cada mes encima del tapete. La banca, compuesta por los dos socios Tomeu Valls y el apodado Es Granot, se embolsaban grandes cantidades. Cada uno de ellos obtenía 6.000 euros a la semana completamente limpios de impuestos gracias a las apuestas clandestinas. De hecho, los policías encontraron sobre el tapete, en el mismo momento de la intervención, 12.000 euros en efectivo. También confiscaron la mesa especial para ese juego de dados, así como los cubiletes y barajas. Unas máquinas de lototrot hacían las veces de atrezzo. Su función era meramente decorativa. Trataba de despistar al intruso. El resto de la maniobra de despiste se completaba con un cartel que rezaba «Cas Cavaller, apuestas y juegos del trote». El bar tenía señales inequívocas de dejadez. En realidad, la única dependencia habilitada era la cocina. Durante las partidas de cartas y dados, se servían comidas a los participantes. El horario de apertura también era extremadamente sospechoso. La mayor parte de la jornada diurna permanecía cerrado. Sobre las seis de la tarde abrían las puertas a los jugadores. Las timbas se prolongaban fácilmente hasta las siete de la mañana.. 12 CLIENTES Y UN CRUPIER Sin embargo, la finalidad de la trastienda del casino clandestino era bien distinta. El búnker ocultaba todo un abanico de juegos de azar, con clara preponderancia de los dados. Una puerta acorazada separaba a los clientes indeseados. Para evitar cualquier intruso, una cámara de videovigilancia estaba instalada en la mirilla de la puerta. En el momento de la espectacular redada, los policías cubiertos con pasamontañas irrumpieron en el inmueble. Al verse por completo sorprendidos, los responsables del casino clandestino optaron por no oponer resistencia. Una docena de clientes trataba de ultimas sus apuestas cuando fueron sorprendidos por los agentes. A continuación, les imputaron un presunto delito administrativo. Una de las personas allí presente hacía las veces de crupier. INDOCUMENTADOS No todos los presentes portaban consigo el carné de identidad o el de conducir. Los policías tuvieron que trasladarlos a bordo del coche patrulla hasta el lugar donde decían tener su documentación. Una vez comprobada su identidad, eran devueltos al casino ilegal recién desmantelado. Un policía cubierto con pasamontañas hizo las veces de portero. A pesar de su presencia, algunos apostantes incautos hicieron ademán de adentrarse en el local. «¿Está cerrado?», inquirieron dos jóvenes al policía. «Sí», replicó lacónicamente el agente. La redada causó una gran expectación. En pocos minutos, una multitud de curiosos se concentró en el Paseo Antonio Maura. «¡Qué ha pasado!, ¡qué ha pasado!», repetía un grupo de jóvenes que acertó a pasar por el lugar. Muchos comensales que se encontraban en los dos restaurantes contiguos no pudieron contenerse. La curiosidad superó con creces al apetito. Salieron a la calle para comprobar en primera fila qué había ocurrido. A pocos de los vecinos pareció sorprenderle lo que se cocía puertas adentro. Era vox populi. Pero las numerosas medidas de seguridad adoptadas en el casino clandestino había conseguido abortar la irrupción de los policías en el interior. Durante largas horas, los policías estuvieron levantando actas de todo el material confiscado. Para que no quedara el menor resquicio suelto, toda la operación la grabaron en vídeo. Asimismo, se reclamó la presencia de dos testigos para que el registro, con la correspondiente orden judicial, fuera escrupulosamente legal. OPERACIÓN SIMULTÁNEA Paralelamente, otro grupo de agentes irrumpió en otro casino clandestino detectado en Manacor. A la misma hora, las 22.45, los policías desmantelaron otro punto de juego ilegal oculto en un piso situado en el número 4 de la plaza de s’Abeurador. El inmueble también estaba acondicionado para la práctica del juego ilegal. Una luz roja se encendía cada vez que se detectaba en las inmediaciones la presencia de la policía. Advertía del carácter inminente de una posible redada. Esta vez, no lograron encenderla a tiempo. Los agentes del Cuerpo Nacional de Policía encontraron en el interior a nueve jugadores. También se habían decantado por el 7x1. Aunque, el dinero encontrado sobre el tapete fue muy inferior: apenas 2.711 euros. Una de las habitaciones del casino ilegal había sido transformada en oficina. Allí tenían toda la documentación de los jugadores. un libro con el debe y el haber de los movimientos de caja clandestinos, que contemplaban tanto los pagos como las deudas. Las ventanas del piso estaban cerradas día y noche. SANCIONES DE 600.000 EUROS Los jugadores se escondieron del flash del fotógrafo. Algunos incluso se colocaron un periódico por la cabeza, para tratar de ocultar su rostro, con nulo éxito por cierto. Los investigadores del Cuerpo Nacional de Policía les incoaron un acta por una presunta infracción muy grave de la Ley del Juego. Para este tipo de infracciones se contemplan sanciones que oscilan desde los 30.000 hasta los 600.000 euros. En vista de todo el material confiscado durante la redada en los dos casinos ilegales de Manacor, el Servicio del Juego de la Conselleria de Interior tiene encomendado decidir qué tipo de sanción procede imponer a las personas sorprendidas en los casinos clandestinos. El reclamo era muy importante. No sólo algunos vecinos de Manacor acudían a las apuestas ilegales. La voz se había corrido por los municipios limítrofes. Vecinos de Campanet y Son Servera acudían con asiduidad. Los investigadores ya tenían el casino ilegal del Paseo de Antonio Maura en el punto de mira desde largo tiempo atrás. No en vano hace 20 años ya se cometió una redada en este mismo establecimiento. Las estrictas y costosas medidas de seguridad que habían adoptado les habían conseguido salvaguardar de nuevas actuaciones durante estos años. A falta de más dinero, los payeses que acudían no dudaban en jugarse los caballos al 7x1.

 
   
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