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Futuro negro para la novela negra
Cuatro escritores baleares participan hoy en un encuentro sobre el género literario que se celebra en Barcelona
MARCOS TORÍO
PALMA.-
La novela negra en Mallorca se fuma con papeles sumariales, desprende el humo de la corrupción y asesina a ladrillazos. Calada a calada, sorbo a sorbo –de whisky– se consume ante la desgana editorial. El Institut d’Estudis Baleàrics participa hoy a las 19 horas en el Encuentro de novela negra de Barcelona (Bcnegra) que se celebra en el Palau de la Virreina. Los escritores Maria Antònia Oliver, Antoni Serra, Miquel Àngel Escandell y Guillem Rosselló Bujosa ahondarán en la situación del género en Baleares durante un coloquio moderado por Sebastià Bennassar bajo el epígrafe Illes Negres.
La novela negra ha perdido fuelle entre el público y los jefes del mercado librero como crítica social y reflejo de las realidades sórdidas. «Tuvo su momento, pero las editoriales ya no apuestan por ella. Dejan de leer los originales en las primeras páginas cuando descubren que el protagonista es un detective. Te dicen que no interesa», explica Escandell, algo en lo que coincide su colega Guillem Rosselló Bujosa: «Se ha perdido la promoción del género en los últimos años, que intenta conectar con los problemas de hoy en día, aunque si el público no lo lee será que no le gusta». Ambos coinciden en declarar Mallorca una fuente inagotable de inspiración. «Aquí hay material de sobra, sólo hay que ver la existencia de las mafias o la corrupción», añade Escandell.
A Antoni Serra le cuesta hablar del tema si no es «con un whisky y un cigarro» en las manos. Reniega de la figura del escritor –«es lo peor que hay»– y prefiere llamarse «trabajador de la palabra», que no distingue géneros. Para dar en la diana del género sólo hace falta «libertad», asegura. Sus compañeros especifican más y hablan de realismo y negatividad como elementos definitorios, aunque Rosselló se desmarca de la visión desesperanzada: «Mi arma contra el pesimismo es el humor del personaje para enfrentarse al problema, como una coraza para no hundirse».
El detective fumador, alcoholizado, divorciado y solitario está obligado a descubrir el complot contra el género que le ampara. Mientras, los escritores participantes sólo coinciden en un punto: proclamar a Agatha Christie «la peor novelista del mundo».
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