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La Guardia Civil persigue desde Sa Pobla a Palma a un sospechoso
LORENZO MARINA
JUAN RIERA ROCA
PALMA.— Antonio M.F., de 20 años, veterano de Es Pinaret, se convirtió ayer en el malo de una de esas películas tipo Thelma y Louise en las que cientos de coches de Policía persiguen a un sospechoso. En realidad los coches no eran cientos: fueron una docena, según un taxista testigo, y los policías eran guardias civiles.
La persecución atravesó Mallorca casi de lado a lado. A eso de las dos de la madrugada Antonio M.F. se topó a la entrada de Sa Pobla con un control de la Guardia Civil. Pero no se paró. Tal vez, que condujera un Suzuki Vitara robado tuviera algo que ver en su decisión de no pararse a conversar con los agentes.
En lugar de eso aceleró e intentó —o eso parecía— arrollar a los guardias, hiriendo levemente a dos. Luego siguió acelerando y se dio a la fuga hacia Palma. Por el camino (autopista a toda velocidad) se fueron uniendo coches de la Guardia Civil. Hasta 12 contó un taxista:
«Sólo se veían luces azules y luces azules», comentaría luego el taxista en alusión al rastro dejado por las sirenas de los coches en la noche. Al llegar a Palma la comitiva se adentró en el Paseo Marítimo, con el Suzuki a la cabeza. A la altura de Porto Pi Antonio embistió un taxi y a unos guardias civiles que le cerraban el paso, hiriendo levemente a un tecero. Y dio la vuelta hacia Joan Miró.
Allí el fugitivo enfiló hacia Gomila, pero muy poco antes de cruzar la famosa plaza, se empotró contra un árbol. En ese momento, los agentes que lo perseguían pudieron por fin detenerlo. De los primeros interrogatorios se desprende que robó el coche para cometer otros delitos en el interior de la isla.
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