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  Domingo, 3 de febrero de 2008. Actualizado a las 01:10
 

A LA PALESTRA
Eventos contra cultura

Joan Vich

Ya, ya sé que las fiestas de Sant Sebastià ya quedaron atrás. Incluso en el ayuntamiento se ha reconocido por fin que alguna –pocas– cosas no se hicieron bien. Aunque esa endeble intención de enmendar los errores se limite por el momento, claro está, a ese tipo de declaraciones que a todos nos suenan tan poco fiables cuando salen de la boca de los políticos: «repensar» las fiestas, «implicar» a distintos sectores, «pulsar» las opiniones profesionales. Es decir, hablar, pensar y repensar. ¡Pero si ya está todo pensado y repensado! A mí me parece que a estas alturas, como dicen Grande-Marlaska (el grupo, no el juez), es «el momento de hacer». Basta ya de pensar y pongan manos a la obra de una vez.

Me permitirán que dedique parte de este espacio a parafrasear un acertadísimo artículo que publicó hace unos meses Sergio G. Cruzado, director del festival Donostikluba en San Sebastián. Les prometo que no lo he escogido sólo por su procedencia. En su artículo, el autor desgranaba una serie de reflexiones que nos vienen que ni pintadas para reconocer que, aunque no nos sirva de consuelo, no es que nuestros políticos sean así. Es que, como dice la sabiduría popular, son todos iguales (algunos no lo son, es cierto, pero de todas maneras no pueden hacer nada tal y como funciona la «democracia interna» de los partidos). Decía Cruzado en su artículo que, con la mayoría de políticas musicales para la música, «sólo se busca el evento, la megaconcentración... Se está creando público de eventos, no de cultura».

Queremos repensar las fiestas, queremos hacer reuniones, comisiones, equipos que estudien la mejor manera de trabajar en una política cultural para nuestra tierra. ¿Y qué más da? Al final, está claro en qué va acabar todo esto: en lo que resulte más espectacular. Los políticos siempre tiran al espectáculo como la cabra tira al monte. A lo que llene páginas de periódicos y arrastre a miles de personas: el despilfarro de un Aiguafoc, la exageración de un aTIARfoc que Grosske denominó como un «megacorrefoc, la mayor manifestación de cultura popular vista nunca en las islas», las carreras de Fórmula 1, el sambódromo. A lo grande, que es lo que da votos.

Sigamos con el artículo de Sergio Cruzado. Habla en él de un festival financiado con dinero público, cerca de Donostia, con un presupuesto de más de un millón de euros y asistencia prevista de ocho mil personas. La voz de la sensatez se levanta contra esa barbaridad y aconseja: «Con ese dinero hay que hacer cien conciertos para mil personas, y cien conciertos increíbles para entre diez y doscientas personas. Eso es generar futuro y público musical, no de eventos».

Igual que vemos el fútbol en Son Moix pero luego hay fútbol base, que es de donde salen las estrellas de mañana, ¿por qué no hay manera de ver en Palma «conciertos increíbles para entre diez y doscientas personas»? ¿Por qué no existen en esta ciudad las premisas necesarias para poder dejar que la cultura la creen los mismos ciudadanos? ¿No deberían empezar por ahí en vez de pensar tanto? Ay, es que consolidando la base no sales tanto en la prensa, no puedes ufanarte de las cifras ni hablar de lo mega–tal o mega–cual. Así están las cosas: el poder y los fuegos artificiales (en el sentido real, pero sobre todo en el metafórico) siguen yendo de la mano.

 
   
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