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  Viernes , 1 de febrero de 2008. Actualizado a las 00:17
 

El corredor de la muerte para 6.000 inocentes

Uno de cada 2 perros y gatos que llegan al centro municipal de acogida de Son Reus es sacrificado / El Ayuntamiento estrenará un horno de incineración en primavera

INDALECIO RIBELLES


PALMA- Una perrera es como el mundo al revés, los inocentes entre rejas y los culpables tan tranquilos en la calle. Si esto ocurre además en el centro municipal de acogida de animales de Son Reus situado en plena ciudad de la basura de Palma esta máxima es más que real. A este patio trasero de Mallorca llegan perros y gatos convertidos en un desecho más de la sociedad de consumo. Unos buscan allí la segunda oportunidad tras la puñalada por la espalda del mejor amigo al que nunca olvidarán o para dormir el sueño de los justos hartos ya de esperar su llegada.

Lo dice Joana a voz en grito en esta primavera soledada de enero nada más llegar al centro en busca de «un perro pequeñito». «Yo a los que abandonan al perro en la calle los metería en la cárcel», algo que muchos están dispuestos a firmar. Una forma bastante más radical de acabar con el abandono de mascotas que la campaña de esterilización que hoy comienza el Ayuntamiento de Palma y con la que Cort pretende poner coto en este mes de febrero a esta auténtica lacra.

No es ninguna broma. El año pasado llegaron a esta perrera 5.572 animales, perros y gatos casi todos, de los que un 25% eran abandonados y el 40% fueron entregados directamente por sus propietarios que no podían hacerse cargo de ellos.

El animal que llega a Son Reus viejo, grande y gruñón, convertido ya un estorbo que nadie quiere ya sacar ni a mear, tiene las horas contadas allí, 480 como marca la Ley, 20 días. Con estos datos hablar de sacrificio cero para 2011 como anunció el miércoles la concejala de Sanidad, Begoña Sánchez, suena a música celestial.

«Sacrificio cero sí», corroboró ayer Pedro Morell, director de este centro de acogida, «pero acabaríamos llenando todo el campo de Mallorca de jaulas y naves para mantenerlos», avisa.

«¿Y qué sentido tiene tener a un perro encerrado toda la vida?» se pregunta. «Si no es con educación y campañas de sensibilización esto no tiene remedio», afirma. Los corredores de Son Reus lo dicen todo. En poco más de un decenio el centro ha tenido que duplicar el número de jaulas (120). Ahora hay 140 perros y gatos (en relación de 4 a 1) a la espera de que alguien se apiade de ellos.

«Hacemos un servicio público pero esto es para deprimirse», afirma Morell. «Aquí se esconden los operarios cuando hay que poner una inyección, pero si alguien tiene una solución mejor que la diga», indica este veterinario que desde hace 10 años dirige la perrera municipal. Uno de los 10 operarios de Emaya destinados al centro traslada el último ejemplar entregado, un ca de bestiar de poco más de medio año que acaban de entregar.

«¿Saldrá?» . «Sí, éste se va seguro, en cinco o seis días como máximo está en la calle», asegura.

No tendrá la misma suerte un ejemplar de pit bull que lleva 10 días en Son Reus y que todo apunta que no llegará a viejo.

Morell recuerda lo que todos sabemos: «Los perros no son agresivos, son los dueños los que lo hacen». «Estos perros pueden morder hasta por cariño», sentencia el director de Son Reus.

 
   
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