PALMA.- La saturación del Centro Penitenciario de Palma suma y sigue. Un total de 26 reclusos procedentes de distintas prisiones de la Península ingresaron ayer en la cárcel palmesana. Además, ocho de estos reclusos estan clasificados como peligrosos e ingresaron en los Ficheros de Internos de Especial Seguimiento (Fies). En cambio, sólo seis reclusos hicieron ayer el camino inverso: fueron trasladados de la penitenciaría de Palma a otras cárceles de la Península.
Al menos tres de estos nuevos reclusos que llegaron ayer a la penitenciaría palmesana han sido condenados por la Audiencia Nacional por terrorismo. Buena prueba de ello es que fueron clasificados como Fies-3.
En este régimen penitenciario especial se incluyen «todas aquellas personas ingresadas en prisión por vinculación a bandas armadas o elementos terroristas, y aquellos que, a través de informes de las fuerzas de seguridad, colaboran o apoyan a estos grupos».
En el intercambio de conducciones de reclusos, la cárcel de Palma siempre se lleva la peor parte. En junio de 1999, cuando fue construido el nuevo centro penitenciario, el objetivo era que cada interno estuviera solo en una celda.
Uno por celda
El límite de capacidad se estableció en 1.008 internos, uno por celda. En un comienzo, la cárcel de Palma albergó 800 reclusos. Mientras que el número de funcionarios se estableció en 500.
Casi nueve años después esta idílica proporción se ha echado por tierra. El límite de capacidad del centro penitenciario se ha superado con creces. En más del 50% del límite.
En la actualidad, el Centro Penitenciario de Palma alberga casi 1.550 presos. Por el contrario, el número de funcionarios de prisiones que los controlan ha caído en picado hasta situarse en 440.
El objetivo de albergar un solo interno por celda se ha convertido ya en una quimera. El artículo 13 del capítulo IV del Reglamento Penitenciario contempla, en su apartado 2 que «temporalmente, cuando la población penitenciaria supere el número de plazas individuales disponibles, se podrá albergar a más de un interno por celda».
En la prisión palmesana cada vez queda más lejos lo estipulado en el Reglamento Penitenciario. Lo que se concibió como algo temporal se está convirtiendo en definitivo.
La posibilidad de alcanzar ese objetivo de una celda por recluso se aleja con cada conducción. Hace apenas una semana, 53 reclusos procedentes de distintos centros penitenciarios de la Península fueron trasladados a la cárcel de Palma. Tan sólo ocho internos procedentes de la prisión de Palma fueron conducidos a otras penitenciarías de la Península.
A medida que el hacinamiento ha sido mayor en el Centro Penitenciario, los incidentes han sido cada vez más numerosos. Inicialmente, entre seis o siete funcionarios podían controlar dos módulos de la prisión. Ahora, con dificultades, entre tres o a lo sumo cuatro funcionarios se reparten la vigilancia de estos módulos. Estos pabellones cuentan con una población reclusa cada vez mayor y con grado más elevado de tensión acumulada.