PALMA.- «Bienvenida a una ciudad con urbanizaciones de película, y casas y chalés también de película, muchos de ellos conocidos por sus apariciones en las revistas y en los programas de televisión».
La canciller alemana Angela Merkel jamás había puesto un pie en Mallorca y la primera impresión de la isla que le ofreció la alcaldesa Aina Calvo fue ésta: la de un gigantesco decorado de Aquí hay tomate, lleno de lujosas mansiones como las de la playa de Malibú o Beverlly Hills.
Pero también un espacio de «sol y playa, diversión y sensación de libertad, noches de fiesta y cosmopolitismo intenso» en el que el turismo de hooligans ha hecho estragos. Nadie hubiera esperado que, tras aborrecer del cemento y del urbanismo desbocado del PP, Calvo presumiera de «urbanizaciones de película» ante Merkel. Ni que promocionara la Isla ante el mercado alemán como un destino de noches locas para los más fiesteros.
La XXIV Cumbre Hispano-Alemana celebrada ayer en Palma por José Luis Rodríguez Zapatero y Angela Merkel ofreció perlas como ésta. Pese a que ambos se encargaron de recordar que en Baleares residen habitualmente cerca de 30.000 alemanes, lo cierto es que la visita oficial pasó desapercibida para buena parte de la colonia germana.
Pasadas las diez de la mañana, y en medio de un fuerte despliegue policial, la plaza de Cort se llenó de curiosos. Poco antes de las once llegaban en coche oficial el presidente Rodríguez Zapatero, acompañado por Antich y Ramon Socías, la vicepresidenta Teresa Fernández de la Vega y los ministros Alfredo Pérez Rubalcaba (Interior), José Antonio Alonso (Defensa), Miguel Ángel Moratinos (Exteriores), Joan Clos (Industria) y Cristina Narbona (Medio Ambiente).
TIRADO SE REBELA
Al poco llegaba la delegación germana liderada por Merkel, con sus respectivos ministros a bordo de un microbús. «Guapo», le gritó alguien desde el público a Zapatero cuando descendió del coche oficial.
En cambio, le dijo de todo menos guapo un grupo de empresarios de establecimientos turísticos encabezados por José Tirado, que habían acudido a la plaza de Cort con pancartas para reclamar que se les permita vender tabaco, como a los empresarios del sector en Canarias. O como a los quioscos y a las tiendas Aldeasa de los aeropuertos, a los que el Gobierno ha excluido de la prohibición por decreto.
Desde que se aprobó la Ley Antitabaco, hace dos años, explicó Tirado a este diario, «las ventas de tabaco no han descendido, sino que han aumentado, pero ahora se benefician sólo unos pocos. Mientras tanto, en Baleares el Gobierno discrimina a las 2.000 familias que dependen del sector».
Tras escuchar los himnos de Alemania y España, sin letra, y pasar revista a una unidad de Infantería formada en el centro de la plaza, ambas delegaciones subieron a la Sala de Plenos del Ayuntamiento. Fue allí donde Calvo obsequió a Zapatero y Merkel con sendas copias de una litografía de Joan Miró titulada El vol de l'alosa, fruto de una colaboración del pintor con varios poetas. Entre ellos, Robert Graves, Guillem Frontera y Miquel Bota.
SOBRASADA Y 'QUELITAS'
Además, los 140 miembros de ambas delegaciones recibieron un lote de productos mallorquines, con sobrasada y foie gras de porc negre, aceite de oliva, queso de cabra y quelitas, así como una ensaimada del Dijous Llarder.
Y fue allí donde la alcaldesa sorprendió a Merkel con un denso discurso de bienvenida en el que aseguró que «recurrir a la metáfora del poliedro o a la abstracción de la complejidad no es para nosotros una salida fácil o un tópico». Las intérpretes que debían traducir sus palabras no salían de su asombro.
«SOMOS UN POLIEDRO»
Algunos de los asistentes tampoco cuando Calvo explicó a la canciller «la lucha del movimiento vecinal» que hizo posible la construcción del Parc de la Mar, cuando se mostró convencida de que los políticos alemanes han leído las novelas de Carmen Riera o cuando sentenció que «la nuestra dejó de ser una tierra de inmigración gracias al turismo». La vicepresidenta Teresa de la Vega se mostró especialmente afectuosa con Aina Calvo, cuyo paso por el Ministerio de Asuntos Exteriores le sirvió de trampolín para optar a la Alcaldía.
Mientras tanto, montaban guardia a las puertas de Cort Antich y Ramon Socías. Bajo los soportales de la calle Palau Reial aguardaba un grupo de escolares, que acababa de visitar el Parlament. Y se demoraba fumando el portavoz del PP en el Consell de Mallorca, Jaume Font, quien planeaba hacerse el encontradizo para darse de bruces con la canciller alemana.
A su salida del Ayuntamiento, Merkel rompió el protocolo para estrechar la mano a varios turistas que coreaban su nombre. Desde allí, la comitiva se dirigió a pie al Palacio de la Almudaina para hacerse la foto de familia y mantener una reunión plenaria entre ambos grupos de ministros.
Concluido el encuentro, Zapatero y Merkel comparecieron ante los periodistas en rueda de prensa en el Parc de la Mar, bajo la carpa de Ses Voltes. «Hemos elegido el mejor sitio para esta Cumbre, la cancillera juega aquí en casa», afirmó Zapatero tras aludir a los cuatro millones de alemanes que visitaron Baleares el año pasado. «Eso dice mucho de la inteligencia y el buen gusto del pueblo alemán», añadió con un guiño de complicidad.
Zapatero explicó que el encuentro había servido para poner sobre la mesa medidas comunes para luchar contra la desaceleración de la economía, contra el cambio climático (anunció que ambos países cooperarán en proyectos de energías alternativas en África) y contra el «terrorismo radical islamista». También hablaron de la presencia de tropas europeas en Kosovo y de la voluntad de ratificar el Tratado de Lisboa que ha servido para tapar el agujero de la Constitución europea.
La responsable de una de las principales potencias económicas mundiales se refirió con aparente «admiración» al superávit obtenido por el Gobierno de Zapatero pero presentó su gran proyecto estrella, la Alianza de Civilizaciones, como un simple «intercambio cultural». Zapatero ni siquiera torció el gesto cuando le preguntaron a Merkel por su apoyo al presidente del PP, Mariano Rajoy, ante las elecciones del 9M, y se mostró convencido de que la escalada de precios se frenará en marzo... justo después de las elecciones del 9M.
Pese al retraso, la organización funcionó como un mecanismo de relojería. En los salones del Palacio de la Almudaina se sirvió el menú para los 140 invitados: ensalada de verduras con gambas, lechona con miel y pudín de patatas, y de postre, embatumat. Todo ello, regado con vino blanco y tinto de Binissalem.
Entre los invitados al convite, la presidenta del Consell de Mallorca, Francina Armengol, y la presidenta del Parlament, Maria Antonia Munar, vestida de riguroso negro, con la melena recortada y encaramada a unos tacones de casi 30 centímetros.
EL 'PINGANILLO' DE MERKEL
Ya rozando las cuatro de la tarde, Zapatero y Merkel cruzaban la calle apresuradamente para visitar la Catedral y contemplar con asombro la capilla de Barceló. Ya les esperaban en La Lonja, donde la canciller debía recibir el Premio Nueva Economía Fórum, con el que ya han sido reconocidos, entre otros, Rodrigo Rato y el presidente de la Comisión Europea, Jose Manuel Durão Barroso.
Allí sí, les esperaba una amplia representación de la sociedad balear. Entre el público, la líder popular Rosa Estaràs, mucho más próxima ideológicamente a Merkel de lo que la ubicaron entre el auditorio. «El pueblo alemán siempre ha sido, es y será bienvenido en Baleares, su fidelidad ha contribuido a la prosperidad de estas Islas», dijo Antich desde la tribuna por si quedaba alguna duda. Lejos quedaba la polvareda levantada por la ecotasa en el primer Govern del Pacte.
Zapatero optó por hablar de los tiempos en los que Europa estaba incompleta porque España y la mitad de Alemania, al otro lado del telón de acero, carecían de libertad. Mientras tanto, sentada en el centro del escenario, Merkel intentaba atraer la atención de las azafatas. Hasta dos veces tuvieron que cambiarle el pinganillo de traducción simultánea y, cuando logró que funcionara, Zapatero ya estaba a punto de concluir su discurso.
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