El desalojo del edificio Mirall, situado en el Camí de Son Fangos y a escasos metros del aeropuerto de Son Sant Joan, se produjo en un momento crucial: la Cumbre hispano-alemana.
La canciller alemana, Angela Merkel, y una buena parte de su gabinete se desplazó a Palma para mantener un encuentro con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y otros cinco ministros.
Las instalaciones aeroportuarias se encontraban blindadas. De hecho, el dispositivo se había puesto en marcha días antes con especialistas en seguridad venidos a la Isla expresamente desde Madrid.
La alerta por una supuesta fuga de queroseno a escasos metros de Son Sant Joan propició una nueva alarma. De hecho, desde el Cuerpo Nacional de Policía se transmitió al 112 la contingencia. «Una mala combustión de un avión», fue la primera hipótesis que se aventuró para explicar el fuerte olor que impregnó el edificio.
Aunque estas primeras explicaciones fueron desmontadas después. En primer lugar, los Bomberos de Palma no encontraron rastro del combustible, pese a pasear por el interior con un medidor. Posteriormente, los especialistas de Aena descartaron esta teoría. Nadie acertó a decir de dónde procedía el olor.