ROBERTO DÍEZ YAGÜE
PALMA.– Ajena a todos los terremotos que asolan el ciclismo, la base sigue moviéndose con intensidad. Fieles a un espíritu de sacrificio que ha otorgado al deporte de las dos ruedas su condición de actividad épica y sacrificada. Hablamos de pasiones que no siempre la razón entiende. Hablamos de ciclismo.
Esas cosas se llevan en la sangre y no siempre por herencia directa de los padres. Ningún familiar de Tomeu Gelabert (Sineu, 1991) había practicado anteriormente el ciclismo. Y sin embargo, con poco más de dos años decidió subirse a un bicicleta. El virus de las dos ruedas comenzó a germinar entre pedalada y pedalada hasta que a los cinco años se apuntó en la escuela de ciclismo de Sineu. Allí se juntó con su hermano, que ya corría desde hacía algún tiempo.
«Poco a poco empecé a participar en varias competiciones, compitiendo al principio contra chavales bastante más mayores que yo», explica Tomeu. Carrera tras carrera el joven Gelabert se fue haciendo un hueco en el pelotón hasta que llamó la atención del Centro del Tecnificación perteneciente a la Escola Balear de l’Esport (EBE).
El año pasado dio el salto a Palma, con todo lo que ello suponía. «Hasta la temporada pasada, en Sineu, entrenaba dos veces por semana, los lunes y los miércoles. Y ahora hago varias horas cada día», detalla Tomeu. Una somera ojeada al horario habitual en el Centro de Tecnificación deja clara constancia de que no queda un hueco libre sin trabajo. «Estoy en la residencia de Calanova, así que me levanto a las siete de la mañana para estar en clase a las ocho. A las 11.00 horas empiezo a entrenar hasta que a las 13.30 horas paro para comer. A las 15 horas vuelvo a clase y acabo el día con otro entrenamiento desde las 18 hasta las 20 horas», relata Tomeu.
Los ciclistas descansan un mes entre temporada y temporada, pero el trabajo siempre está presente, bien sobre la bicicleta, bien en el gimnasio. «Cada día elegimos entre hacer pista o carretera, pero siempre caen varios ejercicios en el gimnasio», añade. Los entrenamientos diversifican el trabajo, aunque Tomeu tiene muy claro cuál es su especialidad: «Pista, pista. Casi seguro que no haré carretera», afirma con rotundidad. Lo que toca determinar ahora es la prueba que mejor se adecua a las condiciones del pistard mallorquín. «Prefiero las pruebas de velocidad: el keirin, la velocidad individual, la velocidad por equipos y el kilómetro, aunque este año me centraré en las dos primeras», detalla Tomeu.
El pasado año se vino del Campeonato de España cadete con cuatro medallas en el zurrón, dos oros en las pruebas de velocidad y dos platas, en 500 metros y scratch.
Después de estos resultados, el objetivo para esta campaña no puede ser otro que firmar una buena actuación en el Campeonato de España del próximo mes de mayo. «Antes tengo a finales de marzo la Liga Nacional de pista en Madrid; y ésos son mis dos objetivos, aunque mis entrenadores quieren que intente ir al Mundial de julio. Ya se verá, pero de momento yo no quiero comerme la cabeza», asegura Tomeu, que este año pasa a categoría juvenil.
Mientras llegan las competiciones, sigue entrenando en el Palma Arena. «Tengo que mejorar muchas cosas, en especial el fondo», reconoce Tomeu que, según sus entrenadores, destaca por su inteligencia sobre la pista. Un paso más para parecerse a José Antonio Villanueva, por ejemplo.