El estilete del Atlético de Madrid es muy afilado, pero el conjunto dirigido por Javier Aguirre también tiene sus flaquezas y las mostró todas en este partido contra el Mallorca. La visita al Ono Estadi se producía después de que el Real Madrid le volviese a pegar otra bofetada en la cara y sembrase, nuevamente, un mar lleno de dudas.
En el Atlético de Madrid la elaboración del juego y el trenzado de los ataques posicionales son una verdadera quimera. La pareja de centrales tiene muchas dificultades para iniciar los ataques, y los jugadores de la medular pasan muchos problemas para dominar el juego a través de la conservación del balón. Manzano diseñó su estrategia en torno a estos condicionantes y mandó presionar la salida del balón. En fútbol el contrario suele hacer pocos regalos, pero en esta ocasión el equipo colchonero, con su disposición y actitud, no hacía más que favorecer los intereses del Mallorca.
Si el gran aval del Atlético de Madrid se sitúa del centro del campo hacia delante, es absurdo llenar la medular con conducciones lentificando todos los ataques. En un partido de fútbol hay que incidir en los puntos débiles del rival, explotarlos al máximo y procurar disimular las debilidades propias. Con este planteamiento Forlán acabó aburrido, Motta y Cléber demostraron cómo hay que ayudar al contrario a defender los contraataques y tanto Pablo como Eller nos enseñaron cómo no hay que iniciar los ataques.
Los regalos hay que aceptarlos y el Mallorca, lógicamente, se mostró muy cómodo con todo lo que sucedía en el terreno de juego. Sin hacer un gran partido, el equipo de Gregorio Manzano se alzó con un triunfo merecido, ya que el orden y el esquema planteado por los rojillos fue netamente superior al de Javier Aguirre.
Me parece importante destacar la calidad de los pases de Ibagaza desde el centro del campo y el buen trabajo defensivo de Jonás, que ayudó a desquiciar a un Reyes que poco se parece al jugador que deslumbraba en el Sevilla.
En definitiva, el Mallorca consigue tres puntos que le dan la tranquilidad necesaria para centrarse en su próximo compromiso. Ahora la Copa debe aglutinar todos los esfuerzos de los rojillos. La posibilidad de alcanzar las semifinales de un título está al alcance de muy pocos y la afición acaba viviendo esta posibilidad con más intensidad que la suma de puntos en la Liga.