Navajas, cutters, cuchillos de cocina, tijeras y hasta consoladores, En apenas tres semanas desde que se iniciara 2008, los vigilantes de seguridad de los Juzgados de Vía Alemania han intervenido más de 330 armas blancas de toda índole. Muchas de ellas son invisibles al arco de seguridad. Entonces, el instinto y la intuición de los vigilantes de seguridad entra en acción.
Tal es el caso de un punzón de fabricación artesanal, con un sello inequívocamente carcelario, que un individuo trató de introducir oculto en una bota. «Esto no pita. Hubo que pasarle la paleta para comprobar que llevaba esa arma oculta», asegura José Antonio Nieto, más conocido por Primo, y considerado una auténtica institución en la seguridad de los Juzgados.
A su instinto y su don de gentes se une su sobrado conocimiento de las más variopintas artes marciales. Cinturones negros de judo, buguey, lucha libre, lucha sambo, muay thay, full contact, kick boxing o wing tsun jalonan su abultado currículum.
Sin embargo, en más de 10 años en un puesto tan conflictivo no se ha visto obligado apenas a utilizar la fuerza. «Pegar pega cualquiera. Lo importante es tratar a la gente con educación. Me da igual que sea el yonqui más vendido del mundo», subraya Primo con contundencia.
De hecho, este experimentado vigilante luce un gesto contrariado. Buena parte de la mañana la ha tenido que emplear acompañando a una menor que había denunciado a un individuo por presunto acoso sexual. Afortunadamente, el juicio de faltas se celebró con total ausencia de incidentes. Pero el hecho de tratarse de una menor le ha hecho pasar un mal trago. «Eso y las mujeres maltratadas. Son para mí los trabajos más duros. Algo que me cuesta encajar», se sincera.
Mientras, en la puerta Mateo Goñalons, culturista de 31 años, pasa por el escáner los objetos que porta un desconocido que quiere adentrarse en los juzgados de lo penal e instrucción. En caso de duda, no hay otra. La paleta lectora detecta cualquier objeto metálico, por diminuto que sea, que se escape al arco de seguridad.
«Yo desconfío, sobre todo, de los dos extremos: los yonquis desaliñados y los que vienen muy trajeados. A todos les paso la paleta», puntualiza Primo.
En la puerta de los Juzgados también se han dado muchas falsas alarmas. Tal fue el caso de un individuo que traspasó el umbral con un cuchillo antes de acudir a un juicio por presuntos malos tratos. Los familiares de la víctima dieron la voz de alarma. «El cuchillo se le confiscó, como todo objeto punzante. Era cocinero, con el carné de manipulador, y acababa de comprar ese cuchillo», evoca Primo.
Precisamente, los familiares exaltados constituyen una de sus amenazas más cotidianas. «Muchos de ellos quieren entrar por la fuerza en la sala y no se les permite. Entonces se generan momentos de tensión», apostilla el jefe de los vigilantes de seguridad.
Otro punto caliente por excelencia en Vía Alemania lo constituye la entrada en el juzgado de guardia. La entrada a los familiares se les ha prohibido. Por las noches, sólo un vigilante de seguridad se encarga de vigilar en los Juzgados.
«Los más peligrosos son los que vienen con el síndrome o los días que algunos tienen que sellar la libertad condicional», indica. En esos momentos la escasez de vigilantes se hace más patente y se tienen que multiplicar para que nada falle. La experiencia y el instinto de Primo y su equipo han evitado incidentes de importancia, a pesar las inconfesables intenciones de algunos sujetos que se acercan por los Juzgados.