AMOR AL ARTE. Los políticos son gente paradójica. Lo digo por Antich, que cuando presidía el Govern del Pacto de Progreso se hizo cuanto pudo el remolón a la hora de contribuir económicamente a la intervención de Miquel Barceló en la Catedral, y hace pocos días lo vimos volar hacia Suiza para sumarse, presuroso y feliz, a la lista de filántropos que contribuirán económicamente al nuevo trabajo del artista mallorquín en la Sala XX de la sede de las Naciones Unidas en Ginebra.
La aportación del Govern es de 150.000 euros y se justifica por amor al arte, naturalmente. Pero a lo mejor es que Antich se quiere promocionar en los foros internacionales, o que le ha cogido pelusilla a Matas viendo cómo conquista las Américas. Sea lo que sea, el próximo 4 de febrero el presidente balear viajará a Ginebra, para «visualizar» la marcha del proyecto artístico de Barceló. Todo un éxito internacional teniendo en cuenta que está de por medio el astuto e implacable galerista de Barceló, Bruno Bischofberger, capaz de endurecer una negociación hasta el desfallecimiento del oponente, en palabras de quienes han tenido la desgracia o el honor, según se mire, de negociar con él. En los mercados internacionales del arte, o si se prefiere en los cálculos matemáticos de Bischofberger, veinticinco millones de antiguas pesetas no dan para más. Como mucho, mucho, unos minutos de visualización.
Al menos nos ahorramos la verbalización, que eso sí que hubiera costado dinero. ¿Se imaginan lo que hubiera pedido Bischofberger por un discurso de Antich en la sede de Naciones Unidas? Mejor no pensarlo.
CARNAVAL. Pronto llegará el Carnaval, el oficial, porque las carnavaladas son el pan nuestro de cada día, al menos en lo que se refiere a la vida política. Con este motivo, los próximos sábados 19 y 26 de enero y 2 de febrero, la Fundación Sophia ofrecerá un taller de máscaras, que es una excelente iniciativa para fomentar la creatividad en los jóvenes, o en los mayores, en un ámbito tan divertido, popular e interesante como el Carnaval, que en la Isla nunca ha merecido el apoyo de las instituciones locales.
No sabemos qué pasará este año con la Rua, que en los últimos años ha transcurrido con más entusiasmo que gloria, pero no conviene hacerse demasiadas ilusiones. Esto de dejar que el pueblo se exprese libremente por las calles es una cosa que no se visualiza bien por parte del poder político local, ni siquiera por aquellos se proclaman amigos del pueblo, cuya idea sobre la cultura popular suele consistir en un espectáculo de contenido básicamente visual, sin afán crítico alguno, al modo de Aiguafoc o Correfoc, que pueda ser visualizado por una multitud de videntes pasivos, por seguir con la terminología visualizadora. Cultura de ver y callar; esta es la cultura popular que suele gustar a los amigos del pueblo. Mal futuro para el Carnaval, que es todo lo contrario: cultura de participación y sátira.
MEDICIÓN. Leo que 270 mujeres de Manacor se han sometido a una exhaustiva medición de sus cuerpos para elaborar un estudio antropométrico de carácter nacional e internacional. Por lo visto se trata de una iniciativa para homogeneizar las tallas de las prendas de vestir femeninas en España y promover una imagen saludable a través de la moda.
¿Ah, sí?, pues qué quieren que les diga. No sé si es una iniciativa machista, pero para mí que sí, aunque sólo sea porque los hombres tienen el buen juicio de prescindir casi por completo de los caprichos y extravagancias de la moda, lo cual dice mucho en su favor. Que no desfilen esqueléticas por las pasarelas está muy bien, pero lo que tenemos que hacer las mujeres es pasar olímpicamente de la moda, que es uno de los tópicos machistas que todavía no hemos sido capaces de derribar. Mientras los hombres siguen llevando sus mismos trajes de siempre, nosotras seguimos tiranizadas por la moda. Ante esto, por bien de nuestra salud física y mental, sólo cabe una opción, rebelarse.
TEATRO. Este viernes se estrena la obra Aquesta nit hem de matar en Franco, del dramaturgo y director de teatro Martín Garrido. Estará en la Sala Mozart del Auditórium de Palma hasta el próximo día 25 para, posteriormente, instalarse en el Teatro de Campos. La obra se estrenó en Palma -en castellano- el 8 de julio de 1994 y posteriormente estuvo en Madrid, durante el año 2003. Ahora, Garrido regresa después de quince años de no dirigir en Palma y, para hacerlo, ha elegido esta función, respaldada por muy buenas críticas. La obra fue editada a nivel nacional, con prólogo de Baltasar Porcel, por la editorial valenciana Estro en 1998. martazoreda@ccr.es