Algo así como el espectáculo de piratas en directo más grande del mundo. Será cierto, porque de lo contrario no se explica que los menudos en el intermedio de la función de noche continúen tan frescos como recién levantados de la siesta. Estructurado en catorce cuadros Piratas, Piratas es un permanente ejercicio de precisión, de exigencia al límite y de disciplina mental.
Lo que hace especialmente estimulante la propuesta es la suma de individualidades que evolucionan al límite de sus posibilidades en un constante juego coreográfico de gran belleza plástica.
A pesar de que el riesgo esté controlado (en lugar de red, en los ejercicios de máxima dificultad se utilizan cintas de seguridad) lo que verdaderamente importa es que el más difícil todavía sigue instalado en la pista, y un error, aunque no implique peligro, sí acabaría con la magia de esos movimientos acrobáticos que rozan lo inverosímil, sino directamente lo imposible.
Así ocurre, porque, tal y como nos advierten los promotores de la gira internacional, «el peligro se convierte en arte, y la emoción es lo que hace que el circo sea circo».
Nada más comenzar la función nos queda constancia del grado de dificultad que presenciaremos de principio a final: En lo alto del mástil es un permanente fluir de cuerpos que se balancean (ahora sin protección alguna) y que pasan de uno a otro palo haciendo piruetas a considerable altura.
Son juegos acrobáticos, las más de las veces, fruto de un proceso de aprendizaje iniciado en la infancia y que combina por igual el riguroso control mental y corporal.
En esta nueva visita digamos que la novedad viene dada por el argumento, si bien parte de los números ya los conocíamos, no podía ser de otra manera, puesto que forman parte del repertorio de un espectáculo circense a la china, de la misma manera que en occidente no faltan los payasos y las fieras. Conocíamos el Pas de deux en el aire, y también Olas centelleantes (la danza de los platos), por citar sólo dos.
También nos resulta familiar el juego malabar con los sombreros que cierra el espectáculo (Oro), sólo que en esta ocasión han incorporado el jumpstyle, baile que en los últimos años causa estragos en países de Centro Europa. Llama la atención aquella ausencia de ego en la pista, el sentido colectivo de la propuesta. Los más virtuosos, que los hay, sólo forman parte de un cuadro escénico que va dibujando ejemplares paisajes colectivos.