Elements nos muestra el camino elegido por el compositor para desarrollar su obra personal en el futuro inmediato, un proceso de creación que abraza claramente la atonalidad aunque sin por ello renunciar a pinceladas clásicas, y es precisamente ese punto de encuentro lo que convierte en singular su trabajo, incluso lo hace asequible a oídos poco dados a la abstracción.
Estructurados en el formato de cámara, intérpretes significados de nuestro entorno habían aceptado el grado de dificultad técnica que conlleva ejecutar una pieza de Josep Prohens, un compositor que a mí, particularmente, me atrae cuando se aventura en territorios sinfónicos, que es precisamente a mi modo de ver donde mejor aflora su vena creativa, el ámbito natural de su paleta sonora.
De hecho, como él mismo reconoce, a la hora de componer suele plantearse el proceso desde un punto de vista sinfónico, y tal vez por ello si escuchamos detenidamente el repertorio de Elements adivinamos encontrarnos antes frente a un boceto que a una obra definitivamente cerrada. Cuando menos aflora una polivalencia. El carácter impulsivo que suele adornar a buena parte sino a todas sus composiciones sólo es compatible en plenitud con un discurso coral, colectivo en definitiva, porque allí es donde se manifiesta verdaderamente su universo íntimo, su personalidad más honda.
Lo verdaderamente estimulante de la presentación que tuvo lugar días atrás en el CaixaForum es que, además de los previsibles elogios de quienes apadrinaban el acto, y debe apuntarse que eran elogios por lo general argumentados, en la segunda parte pudimos conocer en directo parte significada del contenido del disco.
De la mano de los mismos intérpretes que aparecen en los créditos de Elements escuchamos los cinco primeros temas incluidos en el repertorio del disco. Por citar uno, me quedo con Símptomes: J. Francesc Palou a la flauta y Andreu Riera al piano. Inquieto y sereno a la vez. Dúos, tríos y cuartetos se van sucediendo en el minutado de Elements, y si me permiten la sugerencia apunto Gènesi (la composición más antigua de las recogidas) como una de las aportaciones más cautivadoras de la propuesta.