Como la alcaldesa no tome pronto las riendas, si es que puede o la dejan, Cort puede acabar recuperando el cartel que en tiempos, cuando celebraba sus plenos por la noche, acreditó al Ayuntamiento como mejor local nocturno de la ciudad, sólo que ahora el espectáculo se da a pleno día. Porque ahora, sin ánimo de ser exhaustivos, con lo de las medallas y los hijos ilustres ya tenemos motivo más que suficiente como para otorgarle de nuevo aquella categoría.
Y es que aunque no es obligatorio que el ayuntamiento conceda cada año medallas de oro o nombre hijos ilustres, como ahora la moda imperante consiste –así lo hacen miméticamente la mayoría de instituciones y entidades– en repartir medallas a granel, que como se descuiden pronto va a acabar la nómina de premiados y tendrán que acabar poniéndose las medallas a sí mismos, en Cort se propusieron nombrar hijo ilustre a José Tous Ferrer y dar una medalla a Rosa Bueno, y hete aquí que lo que debería haber sido un mero trámite ha acabado convirtiéndose en el detonante de un casus belli que en vez de distinguir al personaje, Tous, acabará dejándolo injustamente tal que a los pies de los caballos y a Bueno con la medalla en salva sea la parte.
Porque lo que ha ocurrido es que en Cort no han sido capaces de ponerse de acuerdo sobre la distinción a estos dos personajes que, aunque de categoría incomparable, iban a ser este año galardonados. El primero de ellos, un prócer del que no hace falta recordar sus méritos, José Tous Ferrer, cuestionado por la parte más radical de la izquierda porque en tiempos del franquismo hizo algo que quizás hubieran aplaudido algunos de los que ahora lo debelan: promover un monumento al crucero Baleares que quiere ahora eliminar la Associació per a la Recuperació de la Memòria Històrica. Y devolviéndoles la pelota, Rosa Bueno, cuestionada por la derecha porque, aparte de ser una buena persona, ha mantenido siempre a la federación de asociaciones que preside como una sucursal de la izquierda. El resultado ha sido pues la retirada del nombramiento de hijo ilustre y de la concesión de medallas de la ciudad debido a la falta de consenso entre los grupos municipales que permitiera llevar a pleno una propuesta representativa de toda la ciudadanía, con lo que de paso se van a quedar también sin distinción la Caja de Ahorros Sa Nostra y el músico Antoni Martorell, que acabarán pagando los platos rotos en el rifirrafe.
Visto lo visto, no queda más remedio que convenir con la alcaldesa quien, a la vista del lío organizado con los galardones y con vergüenza ajena, ha dicho que había hecho falta «una generosidad por parte de todos los grupos, que no ha existido» y ha pedido «disculpas institucionales» a las personas y entidades que se hayan podido sentir agraviadas por un proceso que, qué menos, debería haber sido secreto. Aunque ya puesta habría podido prometer que en adelante tratará de controlar a algún histrión que está convirtiendo el ayuntamiento en un auténtico circo de dos pistas.