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  Domingo, 9 de diciembre de 2007. Actualizado a las 11:43
 

EL ÁGORA
Barcelona y la Eurorregión

PEP I. AGUILÓ


Barcelona ha sido durante mucho tiempo la segunda capital de España, actuando de motor económico y empresarial del país.

Efectivamente, con un casi inexistente aparato estatal a diferencia de Madrid, los jóvenes talentos barceloneses se inclinaban por el sector privado en lugar de por el público. A ellos les seguía el resto de la sociedad, que inclinaba sus estructuras hacia ese ámbito con notable éxito, como lo demuestra el gran número de empresas multinacionales y nacionales que elegían la ciudad condal como sede principal para desarrollar su labor en España. Además de todas las empresas catalanas que desde allí se proyectaban al mercado español e internacional. Este fuerte movimiento empresarial comprendió también a las empresas dedicadas a la cultura.

Así muchas de las principales empresas editoriales, audiovisuales, de doblaje, etc. siguieron el muy arraigado camino barcelonés.

Fue esa dinámica la que convirtió a Barcelona en la principal sede de ferias, congresos y reuniones de todo tipo a las que acudían representantes de todas las regiones y comunidades, y que servían de puente hacia Europa y el resto del mundo.

La llegada a España de las autonomías supuso una gran descentralización, que ha ido configurado un país en red, sin centros. Ahora es normal que una determina feria, congreso o cualquier otro evento ocurra en cualquier ciudad, de forma que todas compiten con todas para captar su nicho de mercado intentando hacer valer su atractivo urbano. Los diferentes gobiernos autónomos han supuesto un fuerte impulso cultural, económico y empresarial que se ha dejado sentir hasta en las más pequeñas capitales.

Curiosamente esa pérdida de centros o de centralidad ha afectado mucho más a Barcelona que a Madrid, de manera que para los catalanes en general y para los barceloneses en particular es relevante preguntarse por qué se ha producido este fenómeno.

La respuesta es compleja, aunque a pesar de ello se pueden aventurar hipótesis que deberían ser estudiadas con atención y objetividad para poder sacar conclusiones correctas y, no quedarnos únicamente con las patrocinadas por el nacionalismo dominante. Quizás parte de la respuesta esté en el enorme énfasis que los políticos catalanes y catalanistas de otras zonas ponen en la Eurorregión, posiblemente como único ámbito en donde poder volver a obtener la centralidad perdida, lo que sugiere que realizan una nueva huida hacia delante, adentrándose más en el terreno del que no saben o no quieren salir. Pues como se ha dicho, ya no existen centros sino redes en donde además la distancia entre nodos es irrelevante. Por eso la globalización no es una opción sino una necesidad.

El nacionalismo económico catalán ha efectuado una fuerte apuesta por lo local, lo pequeño y lo próximo en aras a realizar su construcción o reconstrucción nacional, dejando los grandes objetivos económicos en segundo plano, como lo demuestra el elevado nivel de regulaciones establecido que permite a los políticos decidir sobre aspectos económicos y empresariales, dificultando en muchas ocasiones la labor del empresario creativo, innovador y productivo. Es por esto último que resulta extraño que el concepto de Eurorregión se quiera vestir de iniciativa económica, pues desde este punto de vista el discurso de los líderes debería orientarse más hacia la competencia, la productividad, la excelencia y la proyección internacional, que hacia cualquier otro ámbito.

En definitiva, la Eurorregión despierta más interés ente los sectores nacionalistas que entre otros debido a que –a pesar de que se vista con iniciativas económicas–, su creación y desarrollo no se vincula a este aspecto de la vida pública. En cualquier caso sería deseable que al menos no suponga crear otra estructura administrativa, burocrática o funcionarial, que reste capacidad de maniobra para el futuro.

Pep I. Aguiló es economista.

 
   
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