La clase política, con la prensa haciendo coro, suele buscar temas políticamente correctos que permitan crear una imagen moderna, avanzada, sin que, en la realidad, tenga que haber sustancia. La investigación es uno de estos asuntos: nadie entiende muy bien qué es, pero todos piensan que sí, que eso no puede estar mal y que tal vez allí radique el éxito del futuro. Hoy ya no hay ningún político que no prometa más inversión en investigación. Lo hizo el PP cuando estaba Matas y lo hace Antich, ahora. El aplauso de la prensa es seguro y las críticas imposibles. Como casi siempre, las cosas son un poco más complejas.
La economía occidental actual exige, más que nunca, investigar e ir por delante. La razón es simple: los países emergentes avanzan rápidamente, acceden a los conocimientos que tenemos aquí desde hace tiempo y en unos años son capaces de hacer lo mismo que nosotros, pero más barato porque los salarios son inferiores. Por lo tanto, los países más avanzados hemos de ir por delante, hemos de investigar y hemos de ser punteros.
Este discurso es verdadero y, por eso, lo comparte todo el mundo.
Pero lo que ya no dicen nuestros líderes es que poner más dinero en investigación no es siempre efectivo. Porque una región, por ejemplo Baleares, no necesariamente va a investigar más porque pongamos más dinero. Para investigar se necesita mucho más que dinero. Fundamentalmente, investigadores, know how acumulado, productos y empresas.
Investigador es quien sabe en qué situación se encuentra un tema y sabe cómo avanzar. Por lo tanto, no podemos crearlos de la nada, sólo poniendo dinero. Un investigador se forma con el tiempo, abriendo caminos y llegando a lugares donde nadie ha estado antes. La ciencia no se improvisa: es necesaria una historia, una cultura. Exige años de constancia. Pero el largo plazo casa poco con la política actual, que exige resultados palpables cada cuatro años.
En nuestra tierra sí hay supuestos investigadores que, habiendo dinero, ellos ya nos harán algo para quedar bien. No faltará un estudio bien presentado que justifique la inversión y que permita dar una rueda de prensa. Pero no es eso.
Z PRODUCTO Y CONOCIMIENTO
Esto nos conduce a otra de las razones por las que el tema es muy complejo: no basta con avanzar, hay que avanzar en consonancia con lo que tiene salidas comerciales. ¿De qué sirve investigar algo que carece de salidas y que no le interesa a nadie? Puede ser un ejercicio interesante académicamente, pero, en el fondo, inútil. Las investigaciones inútiles se tienen que hacer, pero han de suponer una parte de un total más productivo.
Z EMPRESA
Una verdadera solución a este problema exige que tuviéramos empresarios conscientes de la importancia del conocimiento. Se empieza por valorar lo que el trabajador aporta, lo que sabe, lo que genera y se acaba por innovar. Pero estamos lejos de esto: a nuestros empresarios siempre les han comprado, nunca han tenido que vender. También nos falta esta tradición. Los países que investigan seriamente lo hacen con un mix entre empresa y universidad, donde la primera asume el riesgo, la inversión y, lógicamente se lleva los beneficios, y la segunda el trabajo y el prestigio.
Por lo tanto, sin nuevos investigadores, sin la paciencia de crear una actividad que dará resultados a largo plazo, sin una implicación profunda entre los estudiosos y los empresarios, de poco sirve poner más dinero en I+D. Para nuestra tranquilidad, con algunas excepciones, este es un problema profundamente español.