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  Domingo, 9 de diciembre de 2007. Actualizado a las 11:45
 

De un euro por Marisol a 2.200 por Led Zeppelin

La VIII Fira del Disc se clausura hoy en el velódromo Palma Arena con 104 expositores que ofertan material de coleccionista

MARCOS TORÍO


PALMA.– Las pistas circulares del Palma Arena simulaban ayer un inmenso vinilo a la espera de una aguja imaginaria que amplificara el sonido de cientos de manos rebuscando entre cajas la pieza codiciada. La VIII Fira del Disc de Mallorca estrenaba ayer ubicación con el entusiasmo de los vendedores. «El espacio es más limpio, amplio, luminoso y mejor colocado que Fires i Congressos», opinaba la coleccionista Concha Ortega.

La propuesta llega con dos escenarios y las actuaciones de Burning, Amarillo o The Clash Cash. El horario de apertura de la segunda jornada hoy domingo es de 11.30 a 21 horas y el precio de la entrada, 6 euros.

Los 104 expositores llegados de España, Canadá, Francia, Inglaterra, Alemania y Holanda muestran vinilos, CD’s, camisetas, DVD’s y otros objetos de coleccionismo ajustados tanto a bolsillos austeros como a los que quieran invertir un par de nóminas en nombre de la música. A 45 revoluciones y precio de todo a cien –1 euro– se venden maxisingles de Marisol, Lorenzo Santamaría o el cuento de El gato con botas. «A la gente le cuesta comprar. Quiere discos buenos a precios muy bajos», señala Ortega. Hay, sin embargo, público para cualquier tema susceptible de acabar en un tocadiscos: «Me sigue sorprendiendo que un chaval de 18 años me pregunte por Manolo Escobar».

El valor de un vinilo es inversamente proporcional a las copias en circulación. Por eso, en el expositor de Roberto Barrio un LP que Los Brincos grabaron en italiano alcanza los mil euros. Borracho es Ubriaco y Flamenco sonó en el país de la bota como L’amore dei Giovanni.

Los visitantes oscilan entre jóvenes que compran novedades y viejos cazadores de tesoros sonoros. «Desde que la música se baja por internet es difícil crear nuevos coleccionistas. Las nuevas generaciones no están tan vinculadas al pop o al rock porque no cuentan con el incentivo emocional o ideológico de antaño. Les da igual dónde escuchar música y resulta difícil reengancharlos para que inviertan en discos», explica Miguel Álvarez, responsable de La Esquina. «El LP tiene algo de fetichista en el acto de sacarlo, limpiarlo y hacerlo sonar. Es toda una ceremonia», añade.

Las descargas en la red y la falta de valor aplicada al CD ha provocado un repunte del vinilo, tendencia que repiten una y otra vez los especialistas. En el caso del compact disc, el coleccionismo mira hacia productos descatalogados o ediciones importadas.

Las joyas de la corona en la feria andan en manos del solleric Miguel Morro, que expone el producto más caro: 2.200 euros cuesta el montaje con discos de platino que Led Zeppelin recibió al despachar cuatro millones de copias de Physical Graffiti. Las leyes del mercado vuelven a cumplirse: el regreso del grupo eleva el precio de los fetiches, sobre todo teniendo en cuenta que la reventa para su concierto mañana en Londres alcanza los 6.000 euros. Por 18.000, el fan puede colgar en su pared un disco de oro de Pink Floyd o por 75 euros, conformarse con un pase de la última gira de Elvis.

Las desgracias cotizan al alza en el parqué del coleccionista y el grupo heavy Pantera sube como la espuma después de que asesinaran a su guitarrista en un concierto.

Los clásicos siempre funcionan como valor seguro y no hay expositor que no muestre obra de los de Liverpool o sus Satánicas Majestades. Morro certifica el poder de los Beatles y los Rolling, pero cuando se trata de objetos, el escalafón tiene reina indiscutible: Madonna. «No sé explicar qué tiene o por qué levanta tanta expectación, pero cualquier cosa se vende al instante. Es impresionante». Le sigue el omnipresente Bruce Springsteen, triunfador «por su carisma y la capacidad de enamorar a varias generaciones en un directo». Entre los que no atesoran carreras de cuatro décadas, Metallica y Pearl Jam se llevan el disco al agua.

Muchos vendedores guardan en casa el disco que nunca colocarían en la caja de una feria. Miguel Álvarez le debe su copia del primer disco de Veneno a un censor que no supo ver un gran trozo de hachís en la portada. Corría agosto del 77 y el encargado de dictar moralidad estaba de vacaciones. El sustituto erró y cuando el oficial regresó a su puesto canceló la distribución del LP. La portada se modificó, pero Álvarez ya tenía en sus manos una de las cien copias que burlaron la censura. La última se ha vendido por 800 euros.

 
   
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