MAÓ.— Alejandra Griselda González no entiende por qué lo que empezó con una llamada de auxilio pudo terminar en una agresión por parte de algunos agentes de la Policía Nacional. Esta vecina de Maó, de origen argentino, asegura que la madrugada del pasado 11 de noviembre fue víctima de los múltiples golpes que presuntamente le propinaron en comisaría algunos agentes de la Policía Nacional. Golpes en la cara, rodillazos en la espalda, patadas en los genitales e insultos racistas. Son algunos de los detalles que recoge la declaración de Alejandra ante el juez a la que ha tenido acceso EL MUNDO/El Día de Baleares.
Esa madrugada, explica Alejandra, volvía de una fiesta benéfica organizada por la comunidad argentina en Menorca. Durante el camino de vuelta, en Cós de Gracia, percibió el acoso verbal de un conocido suyo. Pensó en pedir ayuda a los vecinos e incluso intentó llamar por teléfono a una amiga para ahuyentar las intenciones de su compañero. «No sé cómo, ni quién llamó… El caso es que apareció un coche de la Policía y lo primero que me preguntó fue: ¿Eres sudamericana?».
El atestado de la Policía determina que Alejandra se negó a entregar la documentación requerida por uno de los agentes del vehículo, pero ella niega esta versión. Asegura que, no sólo le entregó su identificación, sino que además el agente no quiso devolvérsela. El motivo esgrimido por los agentes para detenerla fue desobediencia a la autoridad, al haberse negado a revelar la dirección de su domicilio. «El agente me cogió por el pelo y me empujó hacia el asiento trasero del coche mientras me decía que me callara».
Alejandra reconoce que mostró resistencia y que, durante el forcejeo, rompió la goma de la puerta del coche policial con el tacón de su zapato, lo que podría haber encendido los ánimos del agente. El atestado policial también recoge insultos de Alejandra hacia los agentes, pero ella los niega rotundamente. El documento incluso cita amenazas por parte de la detenida.
El relato de Alejandra continúa en comisaría, donde, asegura, la «tiraron en una silla» y le propinaron gritos «por haber roto el coche». «Además, me decían que estaba borracha y sólo había bebido dos cervezas». Alejandra narra que un agente le acercó el rostro a poca distancia de su cara, infringiéndole «golpes en la boca y en la cabeza». Un desafortunado comentario de Alejandra a dicho agente pudo haber encendido el fuego. «Me cogieron por el cuello hasta padecer la sensación de ahogarme, recibí varias patadas en los genitales, me caí de la silla…». Y empezaron también los insultos racistas. «¿Qué haces aquí sudaca?" o «Vuelve a tu país» son algunas de los insultos que, según la detenida, le propinaron los agentes de la Policía.
Tras las agresiones, Alejandra explica que fue conducida a una celda, donde, asegura, le fueron leídos sus derechos por primera vez. Denuncia que también se le negó el derecho a una llamada y no le permitieron ir al baño.
Un agente de la Policía le recomendó ser atendida por un médico. La detenida asintió pero, según su relato, no recibió mejor trato durante el trayecto hasta el Hospital Mateu Orfila. «Al salir me esperaba un Policía dando golpes con la porra en la mano. Fui introducida en el coche a rodillazos». El diagnóstico del parte médico concluye que Alejandra sufría contusiones varias y una hematuria posttraumática (la presencia de sangre en la orina provocada por golpes). Además, Alejandra cuenta con material fotográfico donde muestra las agresiones recibidas. Asegura que los insultos xenófobos continuaron después en comisaría, donde estuvo retenida hasta la mañana del lunes. Según la víctima, los Policías pararon antes delante de una conocida discoteca de Maó para comentar el parte médico.
En total, 36 horas detenida, a su juicio, sin motivo aparente. Tras pasar por comisaría, Alejandra estuvo ingresada dos días más en el hospital. El director insular del Estado, Javier Tejero, preguntado ayer por este periódico, declinó hacer declaraciones sobre este caso, a pesar de que fuentes cercanas a la víctima aseguran que está al corriente del asunto.