En su opinión las más de las veces se trata de simple imitación de la música ligera de consumo. Sin embargo, hay una parte positiva y ésta es, «que hay síntomas en el nuevo Pontificado de regresar a las formas serias, al principio inspirador que tradicionalmente ha definido las composiciones litúrgicas». El rector del Pontificio Istituto di Música Sacra explica que el Papa Benedicto XVI «toca el piano bien, y eso sirve para crear el ambiente preciso».
Llamadas al orden
Recuerda Miserachs la evolución histórica de la música litúrgica y las llamadas al orden, producidas durante el siglo XX, la primera en 1903 y la segunda en el Concilio Vaticano II, «que marcarán el gran cambio, la restauración de la fidelidad a las formas».
A pesar de ello, explica Miserachs, «no se ha dado importancia al canto litúrgico, como principio de unión. Nos hemos hecho daño desde dentro, porque de la música no se ha cuidado nadie, y se ha disgregado el culto, en definitiva. Digamos que se ha creado un cisma interior, que es mucho más grave que los ataques laicistas».
Afirma notar que «hay una juventud que se pregunta sobre lo que se debería hacer. A la Iglesia le falta un organismo que ejerza el control, que pueda orientar con sabiduría, y ha de tener autoridad suficiente. Su inexistencia es lo que ha justificado la dispersión».
Valentí Miserachs parte de la idea de que «todo lo que se aleja del camino normal tiene como consecuencia que al cabo del tiempo no quede nada, a la larga el desierto, la ausencia de sustancia». Siente Valentí Miserachs, que ha llegado el momento de proceder a una reforma, «basada en un triple principio: el de santidad, esto es, composiciones dignas del culto; el de arte auténtico, resumido en que las obras estén bien compuestas, y finalmente el principio de universalidad, basado en el hecho de que, intelectualmente, las composiciones puedan ser aceptadas por todos los feligreses».
El sacerdote y compositor recuerda, asimismo, que «los cambios de lenguaje en la historia de la música, generalmente se producen por el retorno a las fuentes. Decía Verdi: vayamos a lo antiguo, y será un progreso. Entiendo que la música antigua debería regresar con pasos concretos, por ejemplo la recuperación de un repertorio mínimo de canto gregoriano obligatorio en todos los templos pues a fuerza de relegarlo hemos obligado a los feligreses a olvidarlo, y también me parece importante la puesta a punto de un organismo vaticano competente en la materia. Hace ocho años presenté en la Secretaría de Estado del Vaticano una propuesta en este sentido».
«En nuestro ambiente, el de la composición religiosa, todos están hablando de ello, y para ser sincero me gustaría creer que el Papa actual está de acuerdo. Pienso que este organismo vaticano llegará en el momento oportuno».