Cuando ustedes lean esto el acontecimiento ya habrá ocurrido. El acontecimiento es el concierto que ayer noche, viernes, dio en el Teatro Principal de Palma el grupo mallorquín de electrónica-pop Vacabou. Presentaron nuevo disco, Twelve Songs Inside (editado por la mallorquina Primeros Pasitos). Y digo acontecimiento porque tenemos aquí, en Mallorca, a uno de los grupos más sólidos de la escena internacional. Inexplicablemente, la prensa española –y la mallorquina no digamos– no les ha hecho el caso que se merecen. Pero qué se va a esperar de un país donde no hubo Ilustración. Veamos algunas reseñas de lujo:
Gran Bretaña: «Vacabou consigue sonar como un eslabón perdido entre Air, Beatles y Enio Morricone (..) Un debut con un encanto y una magia sutiles e infecciosos (..) Un aire de misterio procedente de otro mundo» (UK Musicsearch). «Un álbum excepcional (..) Hay una naturaleza desconocida en cada canción que te sumerge en un estado de casi sonambulismo (..) que invita al oyente a reencontrarse con sus recuerdos personales (..) Extraño y hermoso» (Martha Whatley, Disorder).
USA: «El disco se ubica en una dimensión de ensueño (...) La voz de Pascale Saravelli se percibe como amor audible, es maravillosa y sin pretensiones (...) este álbum es mucho más completo que cualquier cosa que haya escuchado de Portishead. (...) No sé cuantas alabanzas más podré amontonar en cuanto a este espléndido trabajo.(...) Este álbum me cambia, como lo hizo OK Computer.” (Jeff Johnson, cdreviews.com)
Francia: «..este OVNI franco-español ha logrado la proeza de publicar un álbum increíblemente rico (...) la distribución milagrosa de todos los elementos que componen Vacabou, haciéndolo tan encantador» (Phililppe Sandre. D-Side).
Y suma y sigue. ¿Necesita alguien más pruebas?
Conocí a Juan Feliu y Pascale Saravelli cuando, estando en Xocolat, uno de los encargados, Mario, me recomendó su primer disco. Tras las dos primeras canciones, encontré a un grupo que hacía otra cosa, una música que no se parecía a nada nacional; había que irse a grandes referentes internacionales como Postishead o Air para encontrar parangón. Algo parecido a lo que ocurrió, en otro estilo, en los 80, con Golpes Bajos. Quizá su fuerza venga de un argumento que algún cafre ha usado para criticarles: que no tienen estilo definido. Mejor.
Ellos van un paso por delante del estilo. Oigo sus canciones y ahí está la soledad de la ciudad contemporánea resuelta en una pantalla nevada de píxeles, con un aire de ciudad fronteriza, como en una novela de Ballard o un paisaje de spaghetti-western digital, en la línea de la mejor narrativa norteamericana posmoderna, un retrofuturo helado que la voz de la bella Pascale se encarga de humanizar. A la tercera canción, les escribí entusiasmado; debieron pensar «quién demonios será el loco este».
En el colmo del entusiasmo les comenté que si algún día necesitaban a un batería, yo estaba dispuesto. Como son inteligentes, educadamente declinaron la propuesta, ya que nada hay más engorroso que una batería; mejor llevarla grabada. Ahora han grabado nuevo disco. Suerte, Vacabou. Jugáis en otra liga.