Vamos a tratar de poner los bueyes delante de la carreta. Para empezar deberíamos preguntarnos qué es la World Travel Market y a continuación tratar de averiguar qué es lo que queremos lograr en Londres. Y las respuestas resultan de cajón: si la WTM es hoy una de las ferias turísticas más importantes que se celebran hoy en el mundo lo que pretendemos acudiendo a ella es, lógicamente, promocionar nuestra industria turística. Entonces, si de promocionar el turismo se trata, estamos ante una gran incógnita: ¿qué diantres pintará en esta feria un guitarrista andaluz? Átenme pues esta mosca por el rabo.
La idea de llevar a las ferias a estrellas mediáticas para atraer la atención de los visitantes y de paso tratar de venderles la mercancía que allí se expone, debieron tomarla los expertos en marketing de aquellos viejos feriantes que tenían un mono en su carromato para encandilar al respetable mientras trataban de endosarle, un suponer, un jarabe milagroso.
Pero como hoy los monos ya no tienen el tirón de antes, ahora ponemos en su lugar a humanos llamados estrellas mediáticas para, mediante su supuesto poder de atracción, tratar de que se interesen por el negocio. Aunque no queda en absoluto garantizado, así que pongan al mismísimo Papa, que excepto algunas apariciones en los medios, se vaya a lograr endosar la mercancía, que en este caso es captar a más turistas, porque parece que con los que vienen todavía no nos bastan,
Aunque esta tomadura de pelo de contratar a figurines para promocionar nuestro turismo viene de lejos. Si con el PP en el poder fueron contratados –todos a precio de oro– sucesivamente Michael Douglas, Claudia Schiffer, Rafael Nadal y Anna Kournikova, porqué habríamos de extrañarnos ahora que el tripartito, haciendo las mismas tonterías que hicieron los demás, contraten a Paco de Lucia.
Por tanto que ahora se lleven al guitarrista andaluz a Londres para promocionar nuestro stand en la WTM, no hay por que cuestionarlo. Menos aún si en su día pareció bien que contrataran a Douglas o Schiffer porque tenían casa en Mallorca –otro tanto le sucede a de Lucía– aunque ninguno de los tres tenga absolutamente nada que ver con el turismo y además probablemente les importe un pepino.
En lo que hay que estar en absoluto desacuerdo es en que se compare a de Lucía con Robert Graves y Joan Miró. Hagan las sandeces que quieran pero, por favor, traten de no ofender nuestra inteligencia.