¿Cuántos años hace que usted oye hablar de la necesidad de romper la estacionalidad del turismo en Baleares? ¿Treinta, cuarenta, cincuenta? Sin duda, la llamada «desestacionalización» es la recurrencia por antonomasia en esta tierra.
Todos los gobiernos, sin excepción, han hecho esfuerzos en esta línea: oferta cultural, oferta de ocio, oferta deportiva, etc. La última moda, iniciada por los gobiernos «populares» es la de poner una cara de famoso al folleto promocional: Michael Douglas, Rafael Nadal, Claudia Schiffer... Ahora le ha tocado el turno a Paco de Lucía. Al parecer, el Govern de Francesc Antich espera que los hipotéticos visitantes acaben de decidirse por el archipiélago sobre la base de que un guitarrista ha decido vivir en él.
Me gustaría conocer, con datos objetivos y contrastados, de qué orden ha sido el aumento de turistas en temporada baja y en años anteriores que pueda ser atribuido al tirón de esos famosos. Mi escepticismo bebe de mis propias preferencias. En general, me siento tentado a abandonar un lugar si sé que está a punto de ser visitado por un famoso, y huyo despavorido si además el famoso ejerce de ello. Quiero decir que de Paco de Lucía lo único que me interesa es cómo toca la guitarra. El resto de sus aficiones, querencias y creencias no me importa en absoluto.
Aparte de lo todo anterior, estoy convencido de que a esta tierra no le debería interesar eso de desestacionalizar la industria turística. A mi juicio, Baleares debería mantenerse como destino de sol y playa, que es en lo que realmente puede competir con el resto de destinos. Debería concentrar la recepción de visitantes en temporada estival, y dejar descansar al paisaje y al paisanaje durante el resto del año. Y, en especial, debería mantener alejados de los visitantes aquellos espacios naturales de mayor enjundia en lugar de utilizarlos como reclamo.
El verdadero reto de este país no es ahondar en la industria del ocio sino diversificar su economía. Claro que para esto se necesita mucho más que una simple operación de imagen que esconda la mediocridad de la oferta. Por eso ningún gobierno autónomo ha sido capaz de hacerlo, seguramente porque no estaba capacitado para ello.
Políticos, agentes sociales y analistas deberían estar preocupados por la fuga de empresas y de capital humano; ese sí que es un proceso en continuo incremento y que no conoce estaciones.