PALMA.— Cuando vio aparecer a su amigo por la calle Joan Maria Tomàs sobre su ciclomotor, el joven marroquí, de 35 años, no podía intuir cuáles eran sus verdaderas intenciones. Lejos de saludarle, su llegada fue acompañada por una sucesión continua de golpes.
El temor se instaló en la víctima cuando vio a su amigo enfilar la calle en dirección contraria hacia él, sin casco, y sin hacer ademán alguno de frenar. La víctima caminaba en dirección a su casa cuando el ciclomotor le arrolló.
El impacto fue brutal. El motorista logró evitar la caída, pero el violento golpe del ciclomotor le provocó una fractura en la cadera y en la pierna derecha. La víctima no podía articular palabra y no salía de su sorpresa. No acertaba a entender el comportamiento violento del que creía su amigo.
Sin embargo, esto sólo era el comienzo de una retahíla de agresiones contra él. Con el cuerpo dolorido y magullado, no pudo ofrecer la más mínima resistencia al agresor.
En primer lugar, se extrañó de que Fernando se fuera sin prestarle auxilio. Luego, volvió con su ciclomotor con unas intenciones bien distintas. Le cogió en brazos y le arrojó por encima del muro del torrente de Sant Magí.
Tras una caída de casi cuatro metros, la víctima quedó inconsciente varias horas hasta que, por fin, despertó. Los bomberos lo rescataron y fue llevado en ambulancia a un centro sanitario.
En cuanto se restableció denunció a su amigo.
Agentes del Grupo de Homicidios del Cuerpo Nacional de Policía detuvieron a Fernando C.O., de 36 años, como presunto autor de un delito de lesiones graves.