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Viernes , 9 de noviembre de 2007. Actualizado a las 10:13
 

L’ UC
Albión en las Pitiusas

JORGE MONTOJO


Opinaba el solitario del Palace, Julio Camba, que las mujeres inglesas se dividen en dos: las que les importa mucho la supervivencia del avestruz, quizás porque le encuentran un aire familiar, y las que utilizan sus plumas como sombrero. La verdad es que yo prefiero a las segundas porque son más frívolas y no te sermonean. Tienen un sentido del humor que les permite poder estar en todas partes y pecan deportivamente con una mirada límpida. Julio Camba sabía tanto de cocina como de inglesas, y estaría sorprendido de la invasión británica que en estos meses otoñales experimentan las Islas Pitiusas. El mercado inglés, el único en no sucumbir a la moneda única, es el de mayor poder adquisitivo y ha puesto el punto de mira en nuestro mercado inmobiliario, porque se han dado cuenta que sabe mejor un gin tonic admirando la puesta de sol de San Antonio que una pinta de cerveza tibia encerrados en un pub donde ya ni siquiera los malditos laboristas te permiten fumar. Además, debemos reconocer que el mestizaje pitiuso-británico da muy buen resultado, como una especie de clon entre fenicio y sajón que exagera sus características. Los diferentes embajadores de su graciosa majestad acuden de vez en cuando a Ibiza para vigilar a sus cachorros. Fue muy comentada la visita de Stephen Wright al west end de Portmany y muchos juran que le vieron, a altas horas de la madrugada, nadando a croll en la piscina de Es Paradís con la corbata anudada en la cabeza. Ibiza en general y San Antonio en particular es un poco su recreo sin reglas, donde se atreven a todo con lo que se reprimen en sus brumas natales. Incluso saltan entre las altas terrazas de los apartamentos emulando al cojo Lord Byron cuando se deslizaba por los balcones de su palazzo veneciano. Claro está que milord tenía que ir con cuidado, porque su casa estaba llena de osos, tortugas, leopardos, perros, loros…y organizaba un escándalo sin igual que ponía sobre aviso al rol de cornudos de la ciudad de los dogos, pero siempre podía zambullirse en los canales-era un excelente nadador-y llegar hasta la casa de su amada con un farolillo que le protegía de no ser embestido por los fúnebres gondoleros. Pero los ingleses ya no quieren estar de paso, pretenden quedarse. Compran casas y viven gran parte del año en Ibiza mientras leen los limones amargos de Lawrence Durrell. Eso significa que obligarán a sus compatriotas a comportarse en verano, porque todo escándalo es sano mientras no se tenga en el portal de la casa. Los ingleses que vienen a Ibiza son más divertidos que los que se quedan en Mallorca, donde aparte de la diosa blanca de Robert Graves, pocos saben tratar a los altivos butifarras y se quedan con la vulgaridad de los mossons. En Ibiza adquieren una aureola de piratas románticos y muchos se vuelven más ibicencos que los propios ibicencos.

 
   
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