MADRID.– Atraviesa por su mejor momento profesional y personal desde que encontrara la estabilidad sentimental al lado de la libertina Nuria Bermúdez. La reina de la noche, curiosamente, le retiró de ese mundo que tanto confundía al jugador.
«Desde que está con ella, cuando llega a los entrenamientos no parece que venga de dormir de debajo de un puente», llegó a afirmar públicamente Bernd Schuster, su técnico la pasada temporada en el Getafe después de que Güiza (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1980) sufriera la estrecha vigilancia de su club. Una tormentosa separación de su primera mujer, con la que tiene un hijo, aireada en los platós televisivos terminó por desestabilizar al delantero. Sufrió problemas estomacales al inicio del pasado curso y permaneció casi dos meses de baja tras serle detectada una úlcera.
Fue entonces cuando el Getafe tomó cartas en el asunto y se le impuso una dieta que un bar cercano a su casa le servía a domicilio.
El equilibro definitivo le llegó meses después al iniciar un romance con la que hoy es su representante, Nuria Bermúdez, que se ha perpetuado en el tiempo y que en los próximos días le convertirá en padre por segunda vez.
«No tengo palabras para explicar lo que siento», resumió ayer Güiza sus sentimientos tras recibir la noticia de que Luis Aragonés le había convocado por primera vez para los dos partidos que España jugará para la clasificación de la Eurocopa 2008. «He cumplido el sueño de todos los españoles. Guardaré la roja en una caja fuerte y no la cambiaré ni loco, será para mis críos», aseguró el jugador del Mallorca, máximo goleador español en la Liga –seis tantos–, tras recibir un par de botitas de bebé –en la foto, en su mano izquierda– como regalo por su convocatoria.
Güiza regresó este verano a sus orígenes después de que Gregorio Manzano reclamara sus servicios. Ángel Torres, presidente del Getafe, hizo un negocio redondo con él. Lo fichó en 2005 por 800.000 euros y el pasado verano lo vendió al Mallorca por cinco millones de euros después de haberlo renovado hacia sólo dos meses. La entidad balear incluyó una claúsula en su contrato por la que percibiría 300.000 euros en caso de ser llamado por Luis Aragonés.
El fútbol, como él mismo reconoce, salvó a Güiza de perderse por el camino. Procedente de una familia humilde, su infancia transcurrió en las calles de Jerez de la Frontera porque el colegio no le interesaba. «Era de los malos y los golfos», recuerda aquel chaval que a los nueve comenzó a jugar en las categorías inferiores del Xerez entrenado por Kiko. En su honor, cada vez que marca un gol realiza el gesto del arquero, típico del ex jugador del Atlético, aunque últimamente lo compagina con un saludo marcial, en honor de su sueño, militar de profesión.