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  Martes, 6 de noviembre de 2007. Actualizado a las 00:02
 

¿Por qué no se están quietos?

ANTONIO ALEMANY

ANTONIO ALEMANY


La Palma nuclear, es decir, su amplio casco histórico que durante 2.300 años ha sido el centro neurálgico de la ciudad, ha tenido la desgracia de soportar a toda una serie de consistorios incompetentes, integrados, con contadísimas excepciones, por políticos que lo ignoran todo de su ciudad, que no la conocen, que no son palmesanos y que, como ocurre con los ignorantes, tienen la audacia de los torpes. Algún funcionario -me refiero al ingeniero responsable de la circulación- ha coadyuvado con sus obsesiones al rosario de despropósitos que han conseguido lo que parecía imposible: desertizar el casco histórico, cargarse su condición de crisol interclasista fiel a su configuración medieval, transformarlo en lo que jamás había sido -un barrio elitista y clasista- museificarlo progresivamente al estilo Cáceres, alterar, en una palabra, una trayectoria y tradición más de dos veces milenaria.

Los actuales gobernantes de Cort tienen los visos de superar con creces la incompetencia de sus antecesores. Por varias razones, entre las cuales, su fetichismo por la peatonalización prescindiendo por completo de sus consecuencias, su querencia irrefrenable al ordenancismo intervencionista de la peor especie como corresponde a una izquierda que no ha olvidado nada y que tampoco ha aprendido nada y porque piensan cosas peregrinas como que no son los ciudadanos los titulares de los derechos, sino los coches, tal y como se desprende de este proyecto de sustituir los pilones por unas carísimas máquinas en la mejor línea del gran hermano orwelliano omnipresente en todos los movimientos de los ciudadanos.

No son los coches los que tienen derecho a entrar o salir de sus casas, sino los residentes. Y no son los coches los que deben ir con el permiso de acceso en la boca -estos sujetos piensan que los coches tienen boca- sino los moradores que han de poder llegar a sus casas con el coche que les dé la realísima gana, incluso aunque ello pueda generar una picaresca que siempre será puntual y esporádica.

¿Por qué no se están quietos de una vez estos sujetos y dejan de poner sus manos pecadoras sobre una vieja ciudad que, como Palma, no se merece estos gestores? Si necesitan gastar que lo hagan en otras parcelas que no perjudiquen a la ciudad ni a los ciudadanos.

 
   
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