Víctor Ullate, describe su coreografía como «abstracción de los sentidos que permite trasladar al espectador a los lugares de donde procede el diverso repertorio de músicas que conforman este ballet», y añade que es «la danza de la vida».
Samsara toma su nombre de la denominación budista referida a la capacidad de encontrar un placer duradero y evitar el dolor. La duración, sin intermedio, supera los cien minutos y catorce frases preceden a cada movimiento y variaciones de la coreografía. El punto de partida son imágenes de las atrocidades del siglo XX, y el recorrido desemboca en la catarsis final. «Más que darle un significado a Samsara, sencillamente he tratado de interpretar lo que sentí en momentos delicados de mi vida», apunta Ullate.
Partiendo de músicas populares, cantos religiosos y referencias a la cultura de Egipto, Irán, India, Nepal, China o Japón, Samsara es una prueba de fuego, por su grado de exigencia a los solistas y cuerpo de baile. El resultado, una vez más, nos remite a la calidad de una compañía que conoce muy bien el público que es habitual a las citas de la Temporada de Ballet de Mallorca. En este sentido nos cuentan que por encima del valor coreográfico y la belleza de Samsara, emerge la calidad que habla de los logros de Ullate. El coreógrafo explica que una vez más «me decido a continuar el ciclo de la vida y la muerte a través de la danza, mi instrumento de expresión. La danza me sirve de nexo entre culturas dispares para aportar pinceladas de ritmo, belleza y crítica social».
Cuando habla de crítica social Víctor Ullate se refiere a los males que aquejan el mundo, y que están presentes en la obra a través de la proyección de imágenes a veces muy crudas sobre la hambruna, la intolerancia, la violencia o el fanatismo religioso. Pero desde el primer momento el mensaje que se pretende hacer llegar es de paz y de ahí que la primera visión que tenemos de la compañía es una ejecución de movimientos de tai-chi, prólogo al viaje iniciático.
El Ballet de Víctor Ullate ha estado presente en la Temporada a lo largo de sus doce años de historia, y de los intérpretes que hemos contemplado en escena sólo continúa en la compañía Ana Noya, a quien por cierto la critica califica de soberbia en sus evoluciones. El 24 de noviembre es probable que descubramos un nuevo talento: Rubén Ventoso.
Samsara no sólo es la coreografía de Víctor Ullate y la calidad de sus intérpretes. También debe subrayarse el trabajo de Paco Azorín en la escenografía, y la iluminación de Nicolás Fischtel, este último habitual en las recientes coreografías de la Compañía Nacional de Danza. Ambos han coincidido en el musical Chicago.
Nos aguardan catorce cuadros y ciento cinco minutos referidos a las calamidades del siglo XX y también referidos a la paz interior
y todo ello contado con la maestría béjartiana de Víctor Ullate. ¿Quién puede resistirse a tanta adrenalina?.