Se mire por donde se mire, en materia de empleo hemos entrado en una dinámica negativa que va a ser muy difícil cambiar. Estamos liderando las listas del desempleo por tercer mes consecutivo y lo que es peor: en el conjunto del Estado los desempleados registrados tan sólo aumentaron un 1.55 % en el mes de octubre.
No vale en este caso refugiarnos en el hecho -cierto, por otra parte y que ningún experto cuestiona- de que Baleares en el mes de octubre suele registrar tradicionalmente una disminución del empleo como consecuencia lógica del final de la temporada turística, sector del que dependen tanto las Islas.
Hay un hecho incuestionable: a día de hoy hay más de tres mil parados más en las Islas que hace un año, lo que supone un incremento superior al diez por ciento.
Aun partiendo de la base de que el futuro es impredecible, habrá que convenir que los datos registrados cuando menos no invitan al optimismo, sobre todo cuando todo apunta a que España está entrando en una desaceleración económica que si nadie lo remedia Baleares puede encontrarse en una posición de extrema debilidad. Ello hace todavía más necesario que nuestros gobernantes tomen medidas para afrontar el futuro de nuestra economía.
En estos momentos no se sabe cómo asumirá el Govern del Pacte este indiscutible liderato en materia de desempleo. Habría que preguntarle qué medidas piensa tomar, pero sobre todo habría que recordarle que como gobierno tiene unas responsabilidades ante la sociedad a la que representa. Ha llegado la hora de la verdad y ya no sirve culpar al ejecutivo anterior de todos los males, aunque fuere de forma subliminal.
Por último hay que señalar que, tal como estamos y con la que nos viene encima, los incrementos de la presión fiscal anunciados por el Govern y prácticamente todos los ayuntamientos no son medidas que ayuden precisamente a afrontar una crisis por mínima que sea.