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  Sábado, 27 de octubre de 2007. Actualizado a las 00:31
 

La vieja central térmica de Alcúdia será un museo integrado en un bosque

MIREYA ROURA

PALMA.- No será Richard Rogers, premio Pritzker de Arquitectura 2007 y creador del centro Pompidou de París, quien transfigurará la degradada y abandonada central térmica de Alcúdia en un Museo de las Artes y las Ciencias de primer orden. El jurado del concurso se decantó ayer por el Claro en el Bosque, un proyecto presentado por los arquitectos Alonso Hernández y Asociados, de Pamplona, que supone un coste de 21 millones de euros.

Inaugurada por el general Franco en 1957 y construida por Ramón Vázquez Molezún, Medalla de Oro de Arquitectura del Gobierno español, la que fue la primera central que proporcionó energía eléctrica a Mallorca no se emplazó en la primera línea de mar por las vistas, sino porque los cargamentos de carbón llegaban por mar.

Con la construcción de Es Murterar, la vieja central quedó en desuso hace más de diez años. Sólo las dos esbeltas chimeneas de hormigón, ahora protegidas, se salvaban del dantesco espectáculo que ofrecían los 90.000 metros cuadrados de asfalto huérfanos de actividad.

¿Converirlos en un Museo y parque verde que atraigan a turistas y que alegren la vista a los colindantes lujosos chalés de Alcanada y al puerto comercial?. Por qué no. La ex presidenta del Consell, Maria Antònia Munar, encariñada con la central y su historia (su familia proporcionó carbón) hizo de la reconversión la apuesta más ambiciosa del Plan Territorial de Mallorca.

Proyecto estrella

Poco más de un año después, el lavado de cara de la central ya es tangible. El claro del bosque supone integrar las dos torres en una gran arboleda. El jurado destacó, precisamente, el equilibrio y la proporción entre los elementos arquitectónicos y su integración en el paisaje boscoso.

Alonso Hernández defiende que las instalaciones sigan conectadas con el Puerto Deportivo de Alcúdia y el núcleo residencial de Alcanada a través de 1.000 metros cuadrados conectados directamente con el mar. En ese recorrido, el visitante se topará con la torre de defensa del siglo XVII.

El edificio central, que lleva la huella de Ramón Vázquez, se conserva con pequeñas alteraciones. Será el museo propiamente dicho e incluirá talleres característicos de la época industrial de Mallorca en los que se quiere mostrar cómo se trabajaba y vivía en la colonia industrial antes de la avalancha turística. El inmueble contará con una biblioteca y un auditorium.

El proyecto, que ha ganado el primer premio dotado en 80.000 euros, reconvertirá los tanques de la central, que albergaban el combustible, en espacios expositivos; mientras que la antigua cantera será transformada para acoger un anfiteatro para espectáculos al aire libre.

Al concurso se presentaron un total de diez arquitectos de reconocido prestigio. Además de Richard Rogers, se disputaban la obra Josep Lluís Mateos, autor del centro de convenciones internacionales de Barcelona, y los finalistas para construir el palacio de Congresos de Palma, Antoni Barceló o Carlos Meri. También el hijo de Francisco Sáenz de Oíza, el arquitecto que transformó el paisaje de Madrid, se presentó al concurso.

El jurado otorgó el segundo premio, dotado de 25.000 euros, a Cinta Sostenible de LAB Arquitectura S.L Markus Lauber y Cristina Fernández, Barcelona, por su programa lúdico y museográfico que ofrecía como un gran equipamiento socio-cultural.

El tercer premio, dotado con 15.000 euros, recayó en el proyecto Atenea Linda, de Antonio Barceló, Bárbara Balanzó, Lluisa Alegre y Lluis Lloberas, Mallorca. Los miembros del jurado destacaron la rotundidad de su intervención y la ambición del espacio público que asumía.

Por último, hubo una mención especial para Camí de Ronda, de Ricardo Flores, Claudio Hernández, Francisca Pizà y Eva Prats (Mallorca) al considerar la simplicidad de su actuación y por tener en cuenta las condiciones locales de la zona.

 
   
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