En los últimos días, sobre todo a raíz del comentario de Mariano Rajoy y la presencia en Palma del premio Nobel de la paz junto al IPCC, Al Gore, han aparecido múltiples análisis sobre el denominado «cambio climático» que podemos agrupar en dos corrientes: una minoritaria que niega la existencia del cambio climático animando a seguir con nuestro actual despilfarro energético; y otra que considera que los científicos no forman parte de una conspiración global contra nuestro desarrollo industrial y que nos encontramos ante un problema de calentamiento planetario. Dentro de ésta última corriente podríamos distinguir entre los «alarmistas» o «catastrofistas», y los que creen que se pueden paliar los efectos perjudiciales del problema, grupo entre los que me incluyo.
Respecto al cambio climático, podríamos acudir, además del primo de Rajoy, al aforismo «un pesimista es un optimista bien informado», ya que a poco que uno se informe de verdad, parece difícil ser optimista por la probable incompatibilidad entre el desarrollo industrial humano actual, y el mantenimiento en términos sostenibles de nuestro medio ambiente. Los científicos, que en muy pocos temas alcanzan acuerdos por unanimidad, nunca han alcanzado un consenso tan elevado como el conseguido al establecer que estamos sufriendo ya las consecuencias del calentamiento global y que éstas se pueden agravar en los próximos años si no hacemos algo por evitarlo. No les voy a marear con datos científicos, porcentajes y demás variables que se manejan y que confirman, insisto, con el mayor consenso científico adoptado jamás, que el cambio climático es un hecho y que nuestro actual desarrollo industrial influye directamente en el efecto invernadero.
La dimensión del problema es global y no podemos auto complacernos considerando que si EEUU y la UE acatan los postulados de Kioto ya podremos gestionar de manera adecuada el cambio climático del futuro, porque estaríamos olvidando que existen China e India, y Brasil y México y países europeos de la antigua Europa del Este, y los países emergentes de Asia, que ahora no contaminan ni consumen como nosotros, los países desarrollados, pero van en camino de ello muy deprisa. Y no podemos impedírselo porque, sencillamente, quieren vivir mejor; quieren vivir como nosotros. Asistimos a una hipocresía global cuando hoy, con o sin cambio climático, existen miles de congéneres nuestros que se mueren de sed y hambre en el Tercer Mundo mientras nosotros nos preocupamos porque en un siglo o dos pueda elevarse el nivel del mar pudiendo afectar a nuestra poderosa economía de país rico.
Y es que nos encontramos ante un problema de energía, de aprovechamiento energético, de eficiencia energética, que afecta a países ricos y pobres. Por ejemplo, se puede ser igual de rico consumiendo menos energía, aprovechándola, e introduciendo progresivamente las renovables. Y debemos tener muy presente que si un país quiere dejar de ser subdesarrollado necesita energía. El problema de las desigualdades entre los distintos países del mundo es, el problema de la desigualdad a la hora de acceder al consumo energético. Pero como más del 80% de la energía sale de los combustibles fósiles, y eso no cambiará mucho en dos siglos, eso significa más efecto invernadero.
Sería conveniente empezar a centrar nuestros esfuerzos en preparar a las generaciones futuras para unas condiciones climáticas diferentes a las actuales e invertir, de paso, más esfuerzos y capitales en repartir mejor las riquezas que malgastamos los ricos, ayudando de manera más eficaz a los países más pobres. La amenaza del cambio climático se cierne, a largo plazo, sobre unas generaciones futuras que van a recoger lo que habrán sembrado las generaciones anteriores.
En Baleares no nos vamos a librar de las consecuencias del cambio climático causados por los gases de efecto invernadero, mientras seguimos contaminando sin considerar que, precisamente nosotros, debemos ser más cuidadosos que nadie en la protección medioambiental porque «nos va el sustento y la vida en ello». Llama la atención, por ejemplo, que, durante años, nadie se haya preocupado en cambiar la obsoleta tecnología empleada por el primer causante de emisiones de CO2 de las islas, la central de carbón de Es Murterar en Alcúdia, en la que dos terceras partes de la energía se desaprovechan calentando el agua del mar o enviándola a la atmósfera y que sólo un tercio sirve para producir electricidad. Es la peor forma de producir electricidad por sus altas emisiones de CO2.
Decía al principio que podemos paliar los efectos del cambio climático aunque sea un problema de escala planetaria. Y lo podemos conseguir desde los municipios. Los gobiernos locales disponen de competencias y recursos suficientes para potenciar planes de actuación medioambiental. Los ayuntamientos pueden contribuir hasta en un 40% en el cumplimiento de los objetivos fijados por el Gobierno para reducir las emisiones contaminantes de dióxido de carbono (CO2). Desde el ámbito local se pueden desarrollar proyectos de todo tipo que persigan la mejora de la eficiencia energética; el incremento en la utilización de energías renovables; la implantación de medidas para generalizar el transporte sostenible; el desarrollo de sistemas de gestión de basuras que reduzcan la contaminación y aprovechen energéticamente estos residuos; o la puesta en marcha de campañas de educación medioambiental ciudadana.
Por todo ello, la fundamental labor de los estudiosos del clima debe complementarse con la voluntad política de los poderes públicos a todos los niveles (internacional, nacional, autonómico y local), y, decisivamente, desde los municipios por su cercanía al ciudadano y por contar con los instrumentos necesarios para su aplicación práctica, fomentando y divulgando, además, conductas más sostenibles. Así lo entendemos también en Calvià con la próxima aprobación de la Estrategia Local de Cambio Climático demostrando que con la contribución de todos, la grave situación a la que nos afrontamos puede serlo menos en el futuro.
Jorge Campos Asensi es Master en gestión ambiental y desarrollo sostenible. Director de la Oficina Calvià por el clima